Y llegó el fin de semana. Largo, para colmo. Lejos del común de la gente, a mí los fines de semana últimamente se me hacen cuesta arriba. No quiero que lleguen, y cuando pasa quiero dormir y dormir y no despertarme hasta el Lunes. Porque en el fin de semana la cabeza tiene todo el día para darse cuenta de cómo son las cosas, y no hay nada que hacer porque al otro día tampoco lo hay, entonces te percatás de cómo estás. Si contento, si triste, si aburrido, si solo. Bueno, no hace falta que llegue el fin de semana para que yo me de cuenta de cómo estoy. Lo sé desde hace mucho.

Entonces acá estamos, con una amargura encima difícil de sacar. El frío hace más corto el día y eso no me gusta. La gente está en su mundo, y ya nadie se sienta a hablar conmigo de algo. De algo que no sea sencillamente el laburo, el estudio, y todas esas preguntas triviales que estoy tan harto de escuchar. Porque parece que no hay otro tema.

Tendría que estar en la costa. En este mismo momento. Y al menos dejar que esta tristeza se la lleve una ola, que la arena haga cicatriz, que la Luna se refleje en ese mar y yo me encuentre en él. Pero ya estoy acá metido y no tengo ganas de ir y sacar un pasaje. Ayer tuve un cumpleaños al que no podía ni quería faltar, pero la idea era irme este finde largo solo a ver el mar. Él y yo, y nadie más.

Espero no encontrar excusas para hacerlo. Porque me lo prometí a mí mismo el día que empezara a laburar y pudiera darme el gusto. Pero se sabe que las promesas que me hago siempre las derrumbo, porque pareciera que algo que me hace bien no está permitido. No me lo permito. Y sí me permito este finde amargo, solitario y triste. No me permito una sonrisa, una caricia, un hombro en qué llorar. Me permito sentarme acá a descargarme conmigo mismo y llorar para adentro.

No me permito que me hables, que me hagas bien. Me permito que me ignores, que no me encuentres, que me hagas mal. Y este ciclo repetitivo de angustias recurrentes no se termina nunca porque lo dejo crecer día a día. Cuando una ilusión llega, le encuentro una tristeza que quizás no existe... pero yo la siento. Y si alguien piensa en mí seguro que creo que es por una razón distinta a la que me gustaría. Y puede que sea cierto, pero también puede que yo me permita creerlo. Creer que no puede salirme algo bien.

Esta situación, ahora, sentado frente al monitor es un deja vú que ya se hizo elección. Escupir verdades en este extraño recinto llamado blog en una extraña nebulosa llamada internet, donde cuánto mas ficticio pareciera que es el ciberespacio, más real lo encuentro. O puede que sea ficticia toda mi vida.

Si pienso en vos es porque algo es real, o será que te inventé? que inventé tu risa y tu hermosura? que inventé tu tiempo para mí?. Si esto es real, por qué me creo que es mentira? por qué desgrano tus razones hasta encontrar que yo no estoy en ninguna? por qué pienso que nunca es posible?.

¿En qué momento dejé de confiar en mí?.
Palabras en el aire