Creo que a veces las vueltas de la vida dicen más de uno que todo lo que creemos saber sobre nosotros. Porque las cosas que nos van pasando no son fruto de la coincidencia, ni de los desvaríos cósmicos de un ser intangible, sino de nuestros propios pasos y decisiones. De la cobarde facilidad de escondernos en el destino, pero sabés qué? al final resulta que el destino no es más que una serie de pasos bien documentados que vamos dejando mientras lo exploramos.

Y lo que hoy te duele y te afecta, mañana puede convertirse en un bálsamo reconfortante que te devuelve la certeza de sentir. Porque estamos hechos de la humanidad que llevamos dentro, del simple gesto de tender la mano a alguien más y dejarse llevar con su ritmo. El que quizás nosotros necesitamos.

A mí me da la sensación de que muchas cosas nos joden porque no somos capaces de darles el tiempo suficiente, porque intentamos de todas las formas evadirlo y creemos que haciéndolo todo volverá a su cauce. Pero no hay más cauce que verte sonreír o abrazar tu frágil cintura llena de huecos para mis manos. Aguantar las ganas de mojar mis labios en los tuyos como cuando años atrás creíamos que teníamos tiempo. Lo teníamos, pero ya no lo tenemos.

Y no lo tenemos no por cosa del destino, ni por juegos del azar, no lo tenemos porque nos creímos invencibles e infinitos, capaces de todo, hasta de esperar. Y los sentimientos tienen esa bella manía de ser reales y presentes. Y fugaces. Sensibles. Vulnerables. Hay que mimarlos como si estuvieran a punto de romperse, porque lo están. Los sentimientos sólo esperan una caricia a tiempo, un momento oportuno para sanar y brillar como lo hacemos nosotros cuando formamos parte de ellos.

Por eso, sonreí si tenés ganas de hacerlo ahora mismo. Besá, si sentís que esos labios están hechos para vos. Gritá, si pensás que la otra persona no te va a escuchar. Viví, sentí, abrazá, bailá. No te dejes embaucar por la falsa ilusión de que hay tiempo. No lo hay. Para amar tan sólo hay ganas y mucha ilusión por querer que eso tan frágil no se nos vuelva un recuerdo.

Vivamos ahora como si no hubiera un mañana, porque mañana el día seguirá ahí, pero puede que nosotros ya no tengamos ganas de atravesarlo. Porque nos faltará esa hermosa abstracción que sentimos del mundo cuando alguien se nos pone con el corazón en una mano esperando que lo sostengamos con suavidad. No dejes que nadie te arrebate ese momento.

No dejes de darle vida a todo el contexto.
Que sos vos.
Y nosotros.
Y ellos.