No termines nunca de sonreír, de contagiarme de tu sencilla manera de observar el mundo y dejarte llevar por los sentidos. Esos que a mí se me esconden y no quieren dejarse ver, esos que a vos te salen tan naturales que me sensibilizan, que me dan ganas de llorar cuando te veo llorar a vos o de reírme a carcajadas cuando te tentás con alguna ocurrencia.

No se puede disociar lo lindo de las cosas de tus ojos, porque tenés la espontaneidad que al mundo le falta y la mirada atenta y curiosa como una nena que todavía sigue descubriendo olores a mar y caracoles en la arena.

No me gusta pensar en gente imprescindible, pero hasta este momento te me tornás innegablemente necesaria.