Verte dormida, cerquita mío,
con la brisita que da tu respiración.

Verte dormida, a media noche,
con la semblanza de estar durmiendo en paz.

Verte dormida, cerquita tuyo,
hay un encuentro a media cama hacia las tres.

Verte dormida, de madrugada,
semi desnuda y de frío hasta los pies.

Ricardo Montaner




Te despertarás una madrugada sin saber dónde quedó tu aliento, en qué nube se marchó el sueño que pediste anoche, por qué te olvidaste de sonreírle al espejo. Buscarás entre las sábanas la otra mitad que anoche te complementaba, el desquicio oportuno, la belleza encontrada. Quizás busques en los diarios su rastro, prendas las noticias para ver si nombran la razón que vos no ves.

Pasarás todo el día sintiendo que no sos vos, que te dejaron huérfana de alma y ausente de respiración. Mirarás absorta todos los rincones, inquieta preguntarás a los vecinos, al rosario que cuelga en tu ventana, a la bola 8 que siempre responde lo que quieres. Pero no habrá respuestas por ningún lado, simplemente un silencio con eco.

Y así llegará la noche. El Sol se esconderá tras el mundo y las estrellas volverán a desplazarse en el infinito de la atmósfera. Y sonreirás. Casi silenciosamente irás descalza hacia la cama, respirarás profundo y dejarás que el viento que entra por la ventana te acaricie los pies. Y sonreirás. Y dejarás los ojos cerrados para no saberlo, para sorprenderte como cada noche entre mis besos, para enmudecer el descontrol que durará lo que la noche dure.

Envuelta en un abrazo harás que duermes, y dejarás que tus párpados se abran levemente entre la certeza de estar viva y de haber llegado al paraíso sin morir. Y me verás. Y cerrarás los ojos instantáneamente para no acordarte, para poder estar un día entero sin saber por qué extraña razón todo lo que no llegas a alcanzar vuelve. Para no ver cuando me levante y tenga que marchar. Para sorprenderte por la noche repentina.

Y así pasarás los días de la semana, del mes, del año. Hasta que un día me quedaré. Me derretiré tras la sombra de tu puerta y deslizaré mis labios junto a tu ombligo, tus labios junto a mi abrigo. Y perderé la consciencia en ese instante, para olvidar por qué extraña razón al despertar me faltará algo, quién fue la causante de tanta pasión enredada en calma.

Y pasaré todo el tiempo preguntándome dónde andarás, quién sos, cuándo regresarás... sin querer saber nunca la respuesta. Y es que como alguien dijo, no existe nada más interesante que la conversación de dos amantes que permanecen callados. Y para qué saber el milagro de este sueño si cada noche regresa a mí, si cuando lo requiero aparece, si de alguna forma todo lo que me falta durante el día se me impregna en la piel por las noches para cobijarme la espera.
Palabras en el aire

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