Uno no ve el detrás de escena del éxito, o de la fama, o de los momentos épicos que los demás atesoran. Vemos partecitas que nos dejan entrever, si prestamos mucha atención, el qué hay detrás o qué sentimientos evoca. Y ni siquiera podemos estar seguros, porque a cada uno le evoca sentimientos diferentes, porque somos distintos, vivmos parecidas pero únicas realidades, bajo el mismo cielo o el mismo horario. Pero mientras uno va caminando con la mirada baja, o mirando vidrieras, o a la gente pasar, otro va despistado de la acera pero colgado de una nube, o de una bandada de pájaros volando al unísono, dando un espectáculo único para quien observa.
Y qué lindo, ¿no? Que exista esa diferencia entre todos nosotros, que le demos una mirada única a algo o a alguien. ¿O acaso no nos hemos sentido mejores cuando alguien nos dice una palabra a tiempo, ve un detalle nuestro que nadie más observa, o repara en una mirada perdida que le devolvemos cuando nos preguntan "como estás"?. Y es que todo depende de la música con que se lo mire, o de ese momento vital que estás atravesando, o esa soledad única que un día nos devolvió el instante preciso de encontrarnos con algo hermoso que nadie más que nosotros pudo contemplar.


0 comentarios:
Publicar un comentario