Estoy tan harto de tener que resignarme apenas lo intento. A los 10 minutos de ver otra negativa más en mi vida, otra mujer para la que soy transparente, otra muestra de lo poco interesante que puedo llegar a ser... me puse a llorar. Como un reverendo idiota. Y me da por las pelotas tener esta angustia encima, saber de antemano que soy un bicho raro aparentemente, o que no doy con el target de lo que se considera atractivo a día de hoy. Qué se yo por qué siempre termina igual.

Sigo pensando que idealizo demasiado todo, y estoy seguro que lo hago porque la realidad que veo no me gusta. A veces parezco un estúpido que se quedó colgado de una película, de una frase de amor, de una canción. Creyendo en historias que son ficticias, que seguramente alguien también idealizó porque sabía que la realidad era otra. Y yo no quiero esa realidad, no quiero la frialdad que veo en todas partes. Me entristece demasiado que ser una buena persona no alcance, me da impotencia, me genera bronca ver cómo los que se la mandan una y otra vez son los buscados, los atractivos, los deseados. Aunque para mí tan solo sean los estúpidos.

Pero parece que no, que el estúpido soy yo. Que el que va contra la corriente soy yo. Que el que todos dicen "que buen pibe que es" y se queda siempre solo soy yo. No lo entiendo. Y el amor propio no es algo que yo posea, pero sin embargo sé que soy una buena persona. Y no entiendo por qué nadie lo ve, o quien lo ve se queda solo con la frase y la repite a través del tiempo.

Estas palabras no son más que impotencia, angustia y tristeza. Un descargo, una manera de exprimir el dolor y dejar que el teclado se inunde de lágrimas. Porque son los únicos momentos en los que puedo sentirme vivo. Algo. Algo que siente, que desea, que sueña, que cree, que confía. Y tengo miedo de dejar de creer, mucho miedo. Extraño tanto sentirme bien. Tanto.
Palabras en el aire