Cada vez que dos almas se encuentran, el cuerpo comienza a transformarse, la forma de caminar se ajusta a la forma de caminar del otro, las manos se acostumbran a tener otros dedos entre los suyos, la espalda comienza a esperar esos abrazos. Y aunque esto tan sólo parezca un proceso físico común y corriente, lo que sucede en realidad, es que el alma de cada uno está comenzando a acostumbrarse al alma del otro, eterno rompecabezas de infinitas soluciones. Probablemente el amor sea la primera muerte, pero también, probablemente, la primera resurrección.

Mariano De María



Me volví a enamorar en un colectivo. ¿Cuantas veces van? No tengo idea si hay demasiadas mujeres hermosas o si veo amor en todas partes, puede que pasen ambas. Aunque me inclino por pensar que tengo tanta necesidad de sentir que alguien me mira que cuando cruzo una mirada el corazón escala unos cuantos metros.

No fueron una ni dos ni tres, ya van cuatro veces que la cruzo y parece que sí, y parece que sí y parece que no. Y dos asientos detrás trato de cerrar los ojos e inhalar profundo su perfume, intentar descifrar su nombre o si tiene un mal día. Hasta que sus ojos se me entrecruzan en el viaje y pierdo el sentido de la ubicación.

Bajará una parada después que yo? Dos? Tres? De algo estoy seguro: es de la ciudad. Y quién me dice que un día por la calle, sin el traqueteo del viaje, la vuelva a encontrar. Ruborizarme pero esta vez creyendo en coincidencias, intentando descubrir que la vida se asoma por la mirilla.

Mañana puede que nuevamente tenga su presencia durante 40 minutos, y es un hecho que esta vez no me voy a animar a preguntarle su nombre y quedarme meses después con la intriga de si en realidad así se llamaba. Esta vez solo será la bendita y hermosa sensación de mirarla y acompañarla con la vista.

A fin de cuentas, ella me sigue acompañando ahora que estoy en casa acobachado. Porque sigo recordando su media sonrisa pegada, sus pasos inquietos, sus ojos. Sus ojos. En los que podría quedarme colgado horas y días contemplándolos.

Por ahí le llegan estas palabras por los aires de internet. Dicen que si uno piensa mucho en alguien ese pensamiento llega a esa otra persona, asi que por qué no dedicarle estas letras y que la magia haga el resto. Aunque no haga nada, aunque sea yo el que tenga que actuar.

Hacía un tiempo que no volvía con esta maravillosa y bendita sensación, que mientras la describo me aterro por saber el final anunciado de siempre. Pero nunca me importó en el momento saber que iba hacia un callejón, me interesa este ahora, este momento. Su cuerpo pegado contra la ventana del 56.

Y si esos labios tienen su dueño y si ese pelo se desenmaraña en otras manos, bendito sea el agraciado. Bendito sea por pegarle esa sonrisa cada día, por darle ese aire mágico y renovado que da el amor. El sentirse bien, pleno, en sintonía con uno mismo.
Palabras en el aire

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