Recién llegado a casa, luego de una "fiesta" donde -qué raro- volví con la sensación de no servir para este mundo. O mejor dicho, volví con la certeza de saber que no doy la talla con las relaciones de hoy día. Hacerle la segunda a un amigo, chamuyarse a una mina, hablar de estupideces que hagan reír a alguien para robarle un beso o qué se yo. Es sentirme extraño en todo ese tipo de reuniones, con una cuota de amargura por ver cómo todos se "divierten" y otra cuota de orgullo por no hacer lo que no sé ni quiero hacer.

Soy consciente de que no se busca el amor, de que no se busca una mujer que nos complemente. Pero también soy consciente de que no me interesa ganarme el puesto de "hombre" conquistando por una noche o por un rato a alguien. O hacerse el banana, o el interesante. No soy interesante, no soy banana ni tampoco tengo un poder chamuyativo para volver interesante una conversación con alguien que no se puede conversar.

Pero mientras digo esto regreso a casa y me siento mal, porque siento que no pertenezco a "la mayoría" (si, estoy usando demasiadas comillas). Y no es que quiera pertenecer, pero sería de necios no admitir que todos buscamos encajar, de una forma u otra. Pero no encajo, y pasan los años y sigo sin encajar en ninguna situación de este tipo. Y ves como mientras todos están en la suya, haciendo gala de conquistadores, vos te quedás solo en un rincón sin nadie a quien hablarle. Y aunque puedas encontrar a una mujer sola y lista para conquistar, no te nace la motivación. Porque no te interesa realmente chamuyarte a nadie.

Pero quién sabe, quizás esa chica también está como vos, extraña en ese mundo tan común. Y cada día me hace más ruido en la cabeza el sentir la cantidad de historias que no nacen por miedos, por frustraciones, por dudas, por no actuar. Es como si buscara la persona exacta en el lugar exacto con la palabra exacta. Es como si siguiera en esa burbuja de amor inocente que tenemos cuando crecemos. Pero la inocencia se disipa, y sin embargo el ideal se mantiene. Y yo sigo creyendo en él. Pero odiándome por creer, porque se me hace que el creer logra que las oportunidades se desaparezcan. Por creer y esperar, por soñar y no accionar.

No sé, no sé y no sé. Ya no quiero pensar en estas cosas, y no lo hago, hasta que estoy en una de esas situaciones y todos estos fantasmas vuelven a mi. Un amigo me dice "vos estás solo porque querés" y yo pienso en todo lo que me duele estar solo y no me lo creo, pero termino dándole la razón. Y a la vez pienso que quizás para él el estar con alguien significa ganar una noche y salir un par de veces. Y a mi esa idea me devuelve soledad también, no me llena.

Y sigo sin saber. Quizás estoy terriblemente equivocado en las cosas que pienso y siento. Y cada día me aseguro más de que soy el único que quedó flotando en una nube de ilusiones y creyendo que el amor que nos llena parpadea intermitentemente haciéndose notar. Me cansa el ver tanta pareja ficticia, tanto chamuyo oportuno, tanta acumulación de historias. Es como si se compitiera por ver quién ganó mas mujeres (u hombres en el caso de las mujeres) a lo largo de la vida. Y lo rechazo completamente. Pero a la vez me siento desplazado, porque ya no encuentro a alguien que sienta distinto a eso. Que vea al otro sexo como lo veo yo. Mas allá de lo físico.

Y nuevamente no lo sé. Me quedé en el siglo pasado, anclado en un ideal que se derrumbó hace tiempo y que nunca me quise dar por enterado. Y otra noche se pasa, y otro colchón vacío me espera. Y la ilusión de encontrar a alguien que me quiera más de lo normal se suspende en el aire, conmigo, flotando hacia ningún lugar.

Palabras en el aire

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