Inquietarse, preguntarse cosas. Desatar las razones de por qué pasa esto o aquello, de qué escondemos cuando reímos, qué queremos desatar cuando estamos tristes. Incertidumbres que buscan respuestas y que nosotros queremos encontrar, porque por ahí signifiquen algo, nos dejen una certeza antes perdida. No lo sé, pero que uno se ponga a pensar sobre algo y tratar de plasmar ese pensamiento de la forma que sea (música, poesía, danza, cine, y demases) me da la impresión que significa que no nos conformamos. Que no nos cierra la idea.

Y que no nos abandonemos ante lo evidente se vuelve una revelación. Porque nos descubrimos un detalle que creímos no existía, y nos encontramos sorprendidos frente al espejo y frente a la vida. Qué liberador sorprenderse, que estupenda sensación. Aún cuando ese descubrimiento traiga una tristeza, porque significa que sabemos de dónde nace y habrá entronces que intentar descubrir qué hacer con ella.

De eso se trata la vida un poco, de inquietarse y descubrirse cuando ya creímos que sabíamos todo de nosotros. Creo que cuando me siento a escribir y a romperme el cerebro intentando dar con alguna solución a algo, o preguntandome cosas, o simplemente largando la angustia... estoy buscando la risa, la emoción, la satisfacción de descubrir que lo que creía tal vez no era cierto del todo. Para no mantenerme quieto, para volver a empezar.

El día que dejamos de volver a empezar, empieza la cuenta regresiva de eso que nos llena, que nos conmueve, que nos hace sentirnos alguien en esta vida. Cuando creamos que sabemos todo, habrá que verlo desde otro lado, para finalmente saber que no tenemos ni idea. Y así descubrirnos una mañana inquietos ante eso, reaccionando, sintiendo. Viviendo.
Palabras en el aire

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