Se llenaron de palabras los rincones, se gastaron las risas, se desquebrajaron los abrazos. Todo se disolvió. Lo efímero fue fugaz hasta para sí mismo, ni siquiera tus labios me dieron su calor. Y yo, que me aferro a los detalles, no olvido todos los tuyos. Me acuerdo de tu pelo buscando su forma, de tus ojos investigando los alrededores, de tus pecas poblando tus rasgos como al cielo las estrellas. No me saco de la cabeza tu manera de caminar, tus pasos apurados, el abrazo en que casi me veo soñar. La forma que le das a las cosas, tu espontaneidad derramada, las lágrimas que no mostrás, tu pasajero bienestar de no perder la esperanza. Aún cuando todo está perdido.

Fabrico razones que determinen el por qué, pero no las hay. No existen porque no tienen sentido, porque lo real fue consumido por lo irreal, porque el mundo parece más unido por lazos que sólo lo separan. Y de tan cerca que estábamos, nunca lo estuvimos. Quedó todo el sentimiento en un satélite, en un cable, en un teclado. Mi piel flotó con el deseo de la tuya y solo puedo recordar eso, días intensos que se comió el tiempo y la ausencia. Porque hoy no estamos, porque hoy ya es tarde, porque hoy te extraño y no importa acaso aquel desaire. La vida se indignó por dejarla a medias, por no completar el cuadro, por teñirla de recetas.

Quedaron promesas en mensajes, palabras no dichas por nuestros labios, sueños ignorados. Y lo virtual llenó nuestros días de historias, de momentos mágicos, de escenas inolvidables. De una realidad inexistente, porque nunca fuimos capaces de llevarla a cabo. Y así pasa que uno se encuentra en sintonía con los sentimientos, y así pasa que uno los describe, y así pasa que uno los conoce, y así pasa que no pasa nada. Porque nos llenamos la boca de palabras que quedan en eso, en palabras. En un buen guión para una novela, un buen verso para un libro de poemas, una escena inmejorable para una gran película.

¿Y si dejamos de hablar tanto del amor y lo vivimos? ¿Y si cambiamos el 'quiero verte' por presentarse ante sus ojos? ¿Y si abandonamos el concepto de estar para alguien y estar, ahí, sosteniéndole la mano? ¿Y si acaso pudiéramos dejar de decir lo que nos pasa y demostrarlo?.

Nos consumen las buenas frases, los buenos anhelos, las grandes historias, la facilidad de hacérselo saber sin verle la cara. ¿Y qué es eso? me pregunto, ¿qué es?. Es como si nuestra vida fuera un gran diario ilustrado, donde destilamos los recuerdos, los momentos, los deseos y lo bien que apreciamos los detalles... pero mientras lo hacemos no estamos abrazando a su cintura, ni jugando con su pelo, ni mirando bien pegados esa película, ni robándole un beso, ni bailamos ese tema, ni lloramos en su cuello. ¿Y de qué sirve? me pregunto, ¿de qué?.

Tal vez habría que empezar a ahorrarse los discursos, las maneras de nombrar al amor, la dulzura de retratar nuestras sonrisas, la manía de enumerar sus detalles. Tal vez vaya siendo hora de guardarnos las palabras y dejarlas escritas en su aliento, en su olor, en la verdad que se esconde bajo la ropa. Tal vez acaso sea momento de vivir lo que tanto anhelamos, y dejar de ponerle puntos y comas, dejar las hojas que no sienten, las fotos que no besan, las canciones que no bailan, dejar de traducir lo que no tiene traducción más que en su pecho. Más que en sus manos. Más que en su reflejo.

Qué importa si el mundo no puede verlo, si nadie puede comentarlo, si a nadie le contamos de este sueño. Qué importa dónde quede inmortalizado, si tu pulgar no recorre la comisura de este sueño. Qué más importa si cuando despierto no te veo. De qué sirve, a quién le sirve. No te dejes encantar por lo perfecto que las palabras te permitan vislumbrar. No es real si no está con vos esa persona. No es real si no podés decírselo mirándola a los ojos. No es real si lo que escribís, lo que mostrás y lo que soñás no queda sellado en sus labios.

Nada es real si seguimos esta mentira de describir que tenemos lo que nos falta. Nada es real si tu voz no llega hasta mis oídos para dar alivio a mi alma. Nada es real si mi cuerpo no se tiñe de tu perfume.

Solo es real si lo vivís con tus dedos entre los suyos.


Necesito que me necesites, que me extrañes, que me mires, que me abraces. Que este desconsuelo tenga alivio en tus palabras, que no me sienta morir cada vez que te ausentás, que no vuelva a caer en ese pozo del que estaba saliendo. Son tiempos cíclicos, y recuerdo a García Márquez que me lo predijo una y otra vez contándome aquellos cien años de soledad. Soledad, esa palabra que es un fantasma recurrente, que no se exorciza con nada. El dolor de abrir mi alma a quien la mira de reojo. Ese desinterés envuelto en palabras de compañía.

Me duele y lloro una vez más al desencantarme con las personas, pero más que nada es impotencia por saber que yo genero esa manía. Ese estar estoicamente de pie a su lado sin importar nada, porque lo siento, porque me hace bien. Hasta que me destruye, porque siempre quedo con el corazón abierto golpeando una puerta que nunca abre. Y otra vez a cerrarlo, a vendarlo hasta que me quede sin vueltas, a purgar la herida con olvido y resignación.

Hasta que llegue al punto en que no lo intente más, un punto al que le tengo terror. Tengo miedo de cansarme y bajar los brazos, dejar de confiar, de creer y de darme. Darme la espalda definitivamente, como cayendo en una especie de ósmosis con tanto desencuentro. Sentir que mi pecho se queda sin aire y vos allá y yo acá. Y en el medio lo que no fue, lo que nunca es.

Alguna vez me dijo una persona muy importante que también me dejó atrás, que sigo confiando porque todavía estoy esperando a alguien que de todo por mí, que aunque creo que ya todo está perdido, todavía tengo la esperanza de que alguien me demuestre que no es así. Y puede que sea verdad, pero eso va disminuyendo fracaso tras fracaso. Y me odio, me insulto y me siento miserable. Por ser tan estúpido, por ser tan "buena gente", por darme a los demás. Por dejar que me sienta hoy así, terriblemente abandonado. Quizás sea cierto aquel leimotiv psicológico que dice que todo viene desde la infancia, o desde la separación de los padres de uno, quizás -se me ocurre- siento que de chico me abandonaron y lo vengo transportando años internamente. Y busco que alguien se quede conmigo, y nadie se queda. O quien se queda no es quien yo quiero, y entonces me vuelvo a odiar, por ser tan hijo de puta.

Estos momentos de angustia y opresión son los previos a desaparecer de este mundo virtual que me enferma a veces, conozco la sensación y no es la primera vez que elimino el blog, una cuenta de alguna red social e incluso quedo ausente de mails y charlas online. El famoso tragame tierra pero virtualizado. No sé siquiera de qué sirve, porque el problema de fondo sigue siendo el mismo, quedarme siempre en la puerta de la vida de alguien que me importa.

Y vos me importás, te necesito y es una calle de mano única este sentimiento. Porque el amor se toma vacaciones, los abrazos se convierten en rocas indivisibles y tu sonrisa la disfruta alguien más. A mí me quedan tus angustias, tu dolor, tus malos momentos. Quizás si existiera una función mía en esta vida, sería la de darme a los demás, la de estar, la de ayudar. Pero no quiero esa función, no quiero interpretar este papel, no quiero que te lleves mi ilusión. No quiero tener que olvidar.

A dónde llevan estas palabras no lo sé, solo estoy harto de escribirlas, de sentarme en esta silla y escupir frustraciones. Quiero desaparecer otra vez, arrancarme el corazón y ser frío, no haber conocido nunca esa perfecta sensación de que alguien al dormir amanece necesitándote a su lado. Quiero ser otro, me cansé de soñar cuando todos dejan de hacerlo, de trepar muros que levantan adelante mío, de atravesar barreras para conocerte. Me cansé de mendigar que me elijan. Harto de esta demencial realidad de que a los que tratan de hacer las cosas bien los quieran como hermanos y a los que nada les importa como amantes. Nunca voy a entender a este mundo, a las personas ni a mí mismo. Porque somos todos un desastre, no entendemos nada, y es un agujero en el aliento vivir así.

Gracias por las palabras y por el apoyo. Pero esta vez ni gasten su tiempo. Esto es patético. Y es un fiel reflejo de lo que soy. Es patético que llore como un bebé porque alguien no me quiso como me hubiera gustado, es patético que a los casi 30 años viva la vida con la ingenuidad de uno de 10, es patético que las mujeres solo me vean como un buen tipo, es patético que lo escriba acá en público. Realmente es un sincericidio esta página en internet. Y siento tal rechazo ante mí que hasta tiene sentido que me dejen del otro lado de la puerta. Necesito resolver un enigma que lleva mi nombre y apellido, pero no tengo ganas ya, no creo siquiera que lo valga. Me doy lástima.

Mañana o en un rato me sentiré mejor por haber llorado desconsoladamente como un estúpido la hora en que tardé en escribir esto, y probablemente me olvide de todas estas verdades que hoy quedan acá reflejadas. Y hasta puede que vuelva a confiar y dar lo mejor de mi. Pero cada noche cuando el silencio se acueste a mi lado y me deje desnudo ante la realidad, mi alma se va a apagar, la sonrisa perderá su gesto y será una almohada la que contenga las lágrimas que ahora manchan mi buzo. Así es todos los días. Esto es mi vida.

¿Nunca te has sentido con ganas de irte, y al mismo tiempo con ganas de quedarte?


Por estos días cumpliría años mi viejo, toda una ironía que no sepa realmente qué día. Nombrarlo es nombrarme, ver en mi vida cosas de la suya, un tipo que siempre se sintió culpable por las cosas que hizo mal y aunque pidió disculpas, en el fondo jamás se perdonó. Un tipo sensible, que la jugaba de duro. Alguien quien fue un gran vendedor y decorador de interiores y terminó vendiendo pollos en una parrilla de su casa donde se hacía llamar El loco de los pollos. Quien cada día escribía en una pizarra negra una frase de su autoría. Alguien querido por todos, pero sufrido por su círculo más íntimo, su familia.

Suele pasar que alguien de afuera habla maravillas de uno, y que pueden ser ciertas, pero por dentro sabemos si eso que se dice de nosotros es tal, si a las personas que realmente le importamos les dejamos la misma sensación. Y cuando la respuesta es no, no y no... algo se quiebra dentro nuestro y no hay nadie que te sane esa herida. Porque no querés que cicatrice, porque necesitás sentirla en la piel y sufrirla. Como un castigo autoimpuesto.

Así fue que mi viejo falleció solo, que pocas personas realmente fueron a verlo de corazón al cementerio, incluso yo con mi cara reseca de gestos no sabía qué hacía ahí. A veces siento que los sentimientos y el dolor hacen tanta mella en nosotros que nos convertimos en piedra, incapaces de demostrar lo que nos pasa. E ignorantes de saber lo que nos pasa. Una sensación de mierda que no te la quita ni un recuerdo, y te llena de culpa.

Lo escribí hace algunos años y lo repito, de tan distinto que creí ser me noté igual en millones de cosas. Y no sé si eso es bueno o malo, si me hace bien o me destruye. Verlo en coma en una cama y verme a mí mismo años después, sintiendo que la vida quedó en un pasaje de algún libro que nunca llegamos a leer. Pocas veces me acuerdo de él, raramente hable de él, lo nombre... y casi imposible que escriba sobre esto. Pero acá estoy, dando fe que en el momento de escribir estas palabras me veo llorar y es raro este sentimiento... porque no lo lloro, porque no estoy acostumbrado.

No sé de qué sirve largar toda esta angustia, depositarla en un borrador que mañana se olvidará. Alguna vez estuve enojado con una parte de él que hoy reconozco en mí y quizás mi autoestima esté relacionada directamente con ese dolor. Pero ni siquiera lo tengo claro, no puedo definirlo, es un vidrio empañado ese sentimiento. No logro darle forma. Siento que pierdo una parte que debería ser mía y que nunca lo fue.

Y para colmo es Domingo.
Domingo híbrido de siempre...


He decidido que las cosas son en blanco y negro.

» Siento que Ben perdiera su vuelo. ¿Se olvidó?. No hubo tormenta. No hay presentación. No hay grandes ideas. Qué idiota.

» ¡No es un idiota! Es un hombre brillante que tiene el derecho de estar ocupado.

» ¡Por favor! ¡No hay nada más importante que decidir si en tu vida las cosas están en blanco y negro! Y este tipo, Ben, quien claramente no te aprecia y repetidamente se aprovecha de ti, ¡es malo! Y lo que yo estoy diciendo es bueno. ¿Entiendes?. No deberías ser la sustituta de nadie.

Hace algún tiempo me dijeron que querer a alguien y no jugarse por esa persona no era amor, era una manera de conformarse para no sentirse tan mal por creer en eso. Una verdad que en su momento acepté como cierta, porque es real, porque no se entiende cómo una persona puede ser tan importante en la vida de alguien pero en el momento de definir un sentimiento duda. Y yo también creo que en algunos casos las cosas son en blanco y negro, que hay verdades que se dicen seguras, que no hay un quizás con eco.

Con el pasar de los años y las experiencias, fui aceptando cosas que no sucedieron como quise en un principio. Pero lo que nunca pude aceptar fue la falta de verdad, esa manera de encubrir palabras para disfrazar otras, para no herir sentimientos, para no crearse culpas. Dice Serrat que nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. Y es cierto.

Estoy en un momento de mi vida en el cual pueden hacerme llorar con un abrazo, con una caricia, con un gesto de que me quieren cuidar. Tan sensible que me pueden quebrar en un abrir y cerrar de ojos, pero lo que estoy cansado de permitir es que me lastimen, estoy harto de dejarme lastimar. Mi vida entera la viví en el gris, en el intermedio, en el "quizás si estoy contra viento y marea y tengo mucha paciencia pueda lograr ser algo más en su vida". Y eso no es real, no existe, porque un sentimiento no se forma a fuerza de paciencia, de insistencia, de perseverancia. Un sentimiento se siente y ya.

Estoy podrido de pedir que me quieran. Como un hombre, como un algo, y no como un amigo. Por una vez necesito que me insistan a mi, que me busquen, que necesiten tenerme. Que se borren las excusas de la cara. Y al mismo tiempo es estúpido esperar eso, porque estaría en el lugar de las personas que viven en base a esa necesidad. A veces no entiendo este juego absurdo de enamorarse, quizás porque me lo tomo demasiado en serio. Porque para mi no es un juego.

Me deprime sufrir tanto al amor. Debería ser al revés.
Debería enamorarme menos.



(odio esta lluvia)

Es un sincericidio constante este blog.

Ale: fuerza!!!, te aconsejo que salgas y te enamores de dos o tres mujeres al mismo tiempo. te juro que la ausencia de una ni se nota. No te metas mucho con nadie hasta que estes seguro de que este metida con vos. No demuestres nada. Al principio es un juego de cartas ocultas. La indiferencia inicial es fundamental: tratala como si no existiera, como si no fuera nadie. Solo asi se llega a obtener todo.

Hace cosa de dos años me firmaron con este comentario de mierda. Lo odié. Pero a veces parece que es la única manera. Que tiene razón. Y me niego a que así sea.

Pero ya me negué a tantas realidades...

Con el pasar de las experiencias me di cuenta de algunas cosas, que quizás tiempo atrás veía de otra manera. Y no es que uno cambie, sino que uno termina por entender. Por vivir lo que en otro momento veíamos desde lejos. Cuestión que tiempo atrás tenía una visión muy extraña de la forma de lastimar a otras que tenía la gente, sin fijarse en las consecuencias. Después me di cuenta que en realidad esas personas cometen errores, se equivocan, ¿pero por qué? porque lo intentan, porque viven, porque no se quedan con el quizás.

Siempre fui una persona que quiso hacer las cosas bien, ser un buen amigo, ser un buen amante, ser un buen alumno, ser un buen hijo, ser un buen ciudadano. Y en ese proceso miles de veces dejé de intentar cosas por miedo a hacerlas mal, por temor a que salga todo para el carajo. Y me quedé sin vivir cosas, me quedé con el quizás, con ese maldito quizás que te queda en la cabeza y es tu propio juez.

Después me terminé por dar cuenta que había dos posibilidades por elegir, dos maneras de enfrentar las cosas. ¿Prefiero que me digan la verdad asumiendo los posibles errores o una verdad disfrazada de razones para no arruinarlo?. La primera puede ser la más dolorosa, pero la que más nos deje algo por dentro. La otra será un quizás que quede retumbando en el aire, en un eco que nadie va a escuchar.

Pasé años pensando que las mujeres con las que estuve me lastimaron con crueldad, y algunas sí lo fueron, pero otras recién hoy veo que sencillamente lo intentaron. Siguieron lo que dictaba su sentimiento en su momento sin pensar en qué pasará el día que eso no sea real o cambie. O sí lo pensaron e igual asumieron el viaje. Y yo, totalmente desconociendo esta actitud, las odiaba cuando de golpe me decían que ya no me querían o tenía que dejarlas ir. Una actitud de nene que no quiere asumir la realidad, que pensaba en eternos, que creía que todo era para siempre. Y puede que lo sea, pero no es algo que podamos proyectar. Simplemente sucede y nos encontramos un día mirando atrás y viendo todo lo que pasó en el medio.

La cosa es que en estos últimos tiempos me di cuenta de eso, y ya no odio o no tengo la bronca o el despecho que sentía antes. Porque en estos últimos tiempos yo también me equivoqué, y lastimé personas en el camino, y lo que creí que era de una forma terminó siendo de otra. A veces pienso que soy un hipócrita, que para sentirme menos culpable busco culpa en el pasado, pero es justamente lo contrario, recién ahora entendí a las personas que me lastimaron. Es como decía al principio, uno se limita tanto a vivir cosas que le es ajeno todo lo que sucede alrededor de ellas.

Y la realidad es que en la vida tenemos sensaciones, pensamientos, sentimientos, reacciones... un millón de actitudes dentro nuestro que nos invitan a vivir y por no querer equivocarnos dejamos de lado. Y yo me harté de no equivocarme, me harté porque me di cuenta que esa era mi mayor equivocación, dejar de vivir. Dejar de intentarlo. Hoy tengo a cuestas cosas que hice mal, cosas que hice bien y otras que dejé de hacer. Y todo eso me muestra el ser humano que soy.

Esto no quita que siga existiendo gente que lo único que hace es lastimar a otras, que no se fijan en nada, que no tiene códigos, que te miente, que te usa. Me voy a seguir encontrando con personas así y tendré que aprender a reconocerlas o llorar después por haber sido tan estúpido de haberme dejado maltratar. Esto no quita nada, solo que entiendo de otra manera que si uno no se arriesga a saber qué pasa con las cosas, es imposible llegar a encontrar lo que uno busca.

Como dice Ismael, el amor se encuentra antes, si se busca...

Creo que esta película tan solo me gusta por su inicio..