La tarde se acomodaba junto a las personas sentadas, otras caminando, recorriendo el césped y mateando entre anécdotas, juegos de naipes y risas. Y entre todo eso, uno mismo flotando entre ese aire. Personas desconocidas que ya no lo son, otras de tiempo atrás que vuelven a una tarde compartida y la vida misma que a cada uno llevó por su lado, juntándonos otra vez. Toda esa fuerza no buscada pero sí encontrada. ¿Y qué pasa? te das cuenta que dentro de la misma magia encontrás cosas a punto de quebrarse, sosteniendo una mentira soluble pero negada. Gente herida por las cosas que le suceden y las ves sonriendo trivialmente como si eso sanara las heridas abiertas. Y es la vida que se transita. Igual a como uno la recordó.
De todas maneras algo se mantenía intacto. Y era el nexo que nos tenía a todos ahí, colmados de felicidad por su felicidad y dejando lo demás de lado. Ya no importa nada más, el día se termina y cada uno vuelve a su vida rutinaria. Pero por un momento, tres días intensos, mi menté volvió a un pasado adolescente donde éramos los mismos de siempre, sin problemas por delante y con una ronda de mates que nos daba a cada uno un sabor a nostalgia, a risas, a calma.
Lindo día para despertarse. Lindo nexo que ya no está.



