Como si casi no hubiera tiempo, apuro las horas del reloj para verte dormida en mi regazo. Y como si casi no hubiera necesidad, te digo que te requiero. Que me encanta verte desplegar esa sonrisa de mil armas y amenazar mi integridad al tocarte y besarte. Me desarmo. Como si fuera irreversible. Y te describo soledades como si fueran necesarias para justificar tu presencia. Te releo, de adelante hacia atrás y viceversa. Como si no entendiera dónde se explica la trama de tu embrujo. Me desvelo, y no es porque no estés, sino porque intento sorprender al silencio de la noche llevándote con él.

Acá estoy, con todos los miedos listados para hacerle frente. De tu mano.

« Si tú eres un ave, yo también lo soy. »