Si me acerco demasiado corro el riesgo de quemarme, de inundar la ciudad de absurdos. De dejar entrometer a este idiota que hay frente al espejo. Y si retrocedo me desvanezco porque no tiene sentido hacerlo, porque no soy nada si meto la cabeza bajo el cemento. Si decreto la absoluta ausencia de tus ojos.

Hoy conté las cuadras que me separaban del colectivo, las hojas que se cayeron de aquel árbol, las veces que parpadeó el semáforo hasta dar el aviso de seguir. Y es que todo el tiempo se detuvo porque no tenía tus pasos acompasados, delinéandome el camino hacia vos. No podía recordarlo, no servía ni tan solo describirlo.

Apelo al color de tus ojos pero es opaco el recuerdo si estás tan lejos de este cielo, si no adentrás un rayo de Sol por las persianas, si no te equivocás de sueño y aparecés en el mío. Es ausente el mundo si se desvanece su habitante. Es ausente la inercia de poder abrazarte. Ausencia de vos, de esta esperanza, de lo que calle.

Y si bien tan solo pude abrazar tus detalles, no me alcanza si mis manos no rodean tu pelo. Si este hueco no se amolda a tu forma, si esta boca no desemboca en la tuya. Quedate por acá, ni tan lejos ni desatenta. Por acá, en esta cuadra polvorienta. Por acá. Que tengo miedo de tu ausencia.