La cara bajo la almohada, las ganas de tener otra personalidad, más abierta... más despreocupada, menos culpable. Cuando las cosas se presentan las alejo, cuando no están me pregunto por qué, cuando no siento pido a gritos una señal y cuando alguna se presenta no la veo o le resto importancia. Pareciera que le huyo a la felicidad, que todo lo que ansío lo desmorono si presume aparecer. Como si la tristeza me cobijara de algo, como si estuviera a salvo en este rincón agazapado.

Con el tiempo me volví el tipo de persona que nunca quise ser, y aunque a veces lo vuelvo a intentar, bajo los brazos al instante. En ocasiones quisiera que la incocencia nunca se haya roto, casi como no querer haber crecido, y ver la realidad de las cosas. O la que yo viví. Tengo el problema de no saber dejar ir las cosas, y pareciera que nunca terminé de cerrar la historia con mi pasado, con el que ya no soy. Y vuelvo todo el tiempo a la nostalgia que te estanca en el punto donde estás.

Y ves cómo la vida te pasa de largo, lo ves cuando eras adolescente y ya lo sentías y lo seguís viendo ahora, cosa que te asusta y te paraliza. Y tengo miedo de tener un día canas, cansancio en el cuerpo y ver que no hice nada en el durante hasta ese punto. Tengo miedo de mí, de todos, de la vida misma. Pero no quiero resignarme a esto que me convertí, no quiero y si bien trato de romper con eso no lo logro. Siempre regresa el fantasma a mi cabeza, y es una mierda lo infeliz y miserable que te sentís.

Hay que seguir dice la gente, no hay que mirar atrás.
Se ve que nunca me aprendí la lección.
Palabras en el aire