Acecha el descorazonarse, el reinventar una ilusión quizás fugaz, como son todas las ilusiones. El despertarse de un sueño que no llegamos a contemplar. Acecha el estómago revolucionado, las ganas de no comer, los desvelos. Acecha el pensar en alguien, el querer sorprenderla, el creer que es posible. Y aterra el que nada de esto pueda ser real.

La sonrisa producida por alguien siempre esconde su contraparte, el que esa persona no esté y la sonrisa se vaya con ella. En ocasiones pienso que las cosas que nos hacen bien pueden ser nuestro peor enemigo, para terminar dandome cuenta que es el miedo el que nos termina por destruír.

A lo largo de los años cada vez que alguien se posaba sobre mi ventana, el corazón se hinchaba incontrolable, a veces rozando la obsesión. Y cada vez que alguna señal me demostraba que algo podía arruinarse, el mundo se me venía encima. Eso no cambió, como tampoco cambió el hecho de encontrar en las cosas complicadas, la atracción. Una atracción que disfruto hasta que se convierte en un fantasma, amenazando minuto a minuto el fin de la utopía.

Estoy cansado de sentirme así, de temblar ante la idea de que todo se desvanezca. De aferrarme a una ilusión que en un rato pueda disgregarse. De escuchar canciones de desamores y soledades, historias de lo que pudo haber sido perfecto y nunca lo fue. Fieles reflejos de un pasado que condena mi presente.

Ahora tu risa está grabada en mis retinas, y la puerta del edificio devorando tu silueta completa el cuadro. Y de este lado yo, el tipo que se resigna y al mismo tiempo sueña. Sueña con que me necesites, con que me quieras dar un beso, con que distraigas a la soledad entre mis brazos.

Pero tal vez llegue al punto que llego siempre, en el cual los ojos de esa mujer vean en mi a un amigo, a alguien con quien charlar, en quien confiar, en quien depositar sus miedos. Y todo puede que se resuma a eso, y a nada más. Y no va a importar lo que pase por adentro mío, todo quedará en un te extraño mientras otro conquista los labios que no pude conquistar yo.

¿Y si nuevamente todo sigue siendo una señal?.
Palabras en el aire

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