Me siento solo. Aún con amigos alrededor, con familiares, con distracciones. Aún con la idea de que estoy bien, de que sigo creyendo en ideales, de que tengo fuerzas para volver a intentarlo. Lo cierto es que cada vez tengo menos, bajo los brazos más rápido y dejo de soñar muy pronto. Le doy la espalda al mundo creyendo que el mundo lo hace conmigo, y puede que ambas afirmaciones sean ciertas. Y me sigo sintiendo solo.

Termino ahogado en internet, como si en ella hubiese un alivio, una forma de sentirse mejor. Más acompañado. Cuando está tan llena de solitarios como uno, intentando curar alguna herida nunca sanada. Logrando solo escarvar más profundo. Y hoy, sábado a la medianoche, estoy acá frente a un monitor con un cursor parpadeante. Inmóvil, con impotencia, tristeza y mal humor. Escuchando canciones que deprimen, recordando historias que lastiman, arrepintiéndome de las cosas que hice mal. O que no hice.

Esta sensación de mierda de querer desaparecer del mundo por siempre, sintiendo que me fallaron una y otra vez aquellas personas que alguna vez me prometieron estar. Y hoy no dan señales de vida. Algunas amistades, algunos amores, algunas personas que se cruzan en la vida de uno. Y sentís que hacer las cosas bien no sirve, porque nadie las tiene en cuenta. Mientras ves a los que "la hicieron bien" disfrutar de una vida que uno tan solo imaginó. Insólita en el desolador presente que vivo.

Me asusta sentirme así a los 28 años, pero mucho más me asusta venir sintiéndome así desde hace años atrás. Porque parece que no va a terminar nunca. Es una resignación totalmente vacía, que así como la describo se pierde en el horizonte del que alguna vez me haya leído o escuchado. Tengo ganas de llorar, pero no puedo hacerlo. Angustia hasta para eso. Un nudo en el pecho y los ojos que se me cierran de tristeza. Queriendo dormirme y sin poder hacerlo.

Cansado. Muy cansado.
Palabras en el aire