Escribir a veces puede decantar en una irrealidad, en un simposio de utopías e historias que nunca pueden ser ciertas. Pero a veces, solo a veces, toman vida. Para darnos cuenta que escribir no es más que sacar de adentro las ganas, los sueños y los imposibles que nos impone nuestra cabeza y resguarda el corazón. Pareciera que es el único que sabe la verdad, y aunque suene a cliché y frase hecha, cada vez que acierta lo entendemos. Cobra sentido.
Quizás habría que dejar de levantar muros y empezar a derribarlos. A creer en que es posible, que somos capaces, que no todo está perdido. A darnos una oportunidad. A entender que si creemos en lo que sentimos, tal vez haya algo real que nunca supimos que poseíamos. Y que todo, absolutamente todo, puede hacerse si tan solo lo intentamos.

