Por momentos, más veces que pocas, vuelvo a sentir ese peso de no saberme valorado. Ya lejos de días donde el autoboicot era moneda corriente, sino más bien por no sentirme valorado; por el simple y desanimado hecho de ser ausente en la presente vida de los demás.

Hace algún tiempo un amigo me escribió que al conocerme, las personas serían las que se sintieran completas, porque se volverían adictas a mi. Algo que, lejos de darme ego, me quería decir que no sintiera que no tenía nada para dar, porque tenía mucho. Y que alguien vería eso y sabría apreciarlo lo suficiente como para no arruinarlo.

Yo no sé si es verdad o no, en el momento en que lo escribió me sentía tan triste que quise adueñarme de sus verdades y tomarlas por ciertas. Recuerdo que esa carta, ese mail, me salvó de días peores. Y siempre está al alcance de mi mano, cuando todo parece hundirse.

No creo ser alguien único, ni específicamente especial, ni un regalo de nadie ni ninguna poética palabra que me describa. No creo tener muchas virtudes ni aciertos ni cosas para enseñar. No creo que me destaque por nada. Pero sí siento que cuando alguien me importa, me importa; que abro partes cerradas de mí para que me conozca, con todo lo que eso implica.

Y ese ha sido un paso que he ido queriendo corregir con las experiencias. Pero poco importaron porque cuando la persona indicada aparece, no puedo evitarlo y lo hago. Es más fuerte el impulso de sentir. Sin embargo, sigo temblando al encontrarme en varias ocasiones enteramente abierto para un silencio, o un desaire, o una mirada perdida como respuesta.

Es. Y sigue siendo. Que me siento muchísimas veces a mis 31 años de edad, como un pibe que no creció, esperando que la inocencia que le robaron haya sido un mal sueño del que nunca desperté. Porque me duele este mundo y la gente que lo habita, me duele que nadie se entere de nada, que la gente se disuelva en su propia mirada del mundo.

Sigue afectándome todo el entorno de personas que rodean a la vida tal y como se la desconoce. Sigue doliendo que seamos nosotros los que la marchitamos, los que le robamos risas, los que mutilamos su desinteresada gratitud.

Los que nos quedamos una noche desvelados mirando, a través de la ventana, a esa estrella inerte que sigue brillando. A pesar de nuestros olvidos. A pesar de nuestros intentos por no verla, por quitarla de nuestros días ignorándola. Ahí sigue. Esperando. Esperándonos.

describo
denoto
puebladas de pupilas
membresías del ayer.

todo es roca, agua que penetra la ciénaga en su luz
lágrima despojada de miserias en tu voz

caricias que el encanto soslayó.

y entonces,
como un cúmulo de estrellas
vierto tu vista
y encandilo mi piel. blanca, tenue, de vos.

2 comentarios:

Emilie dijo...

Y deberás plantar
y ver así a la flor nacer
y deberás crear
si quieres ver a tu tierra en paz
el sol empuja con su luz
el cielo brilla renovando la vida
y deberás amar
amar, amar hasta morir
y deberás crecer
sabiendo reír y llorar
la lluvia borra la maldad
y lava todas las heridas de tu alma
de tí saldrá la luz
tan sólo así serás feliz
y deberás luchar
si quieres descubrir la fe
la lluvia borra la maldad
y lava todas las heridas de tu alma
este agua lleva en sí
la fuerza del fuego
la voz que responde por tí
por mí...
y esto será siempre así
quedándote o yéndote.


L. A. Spinetta.

La Pitahaya dijo...

Sos poeta,sos músico, sos amigo, sos escritor y aun así decis que no hay nada que dar??


Tus letras son agua fresca , son un brillo de humanidad y eso pesa mucho!


Besos y buena vibra Ale!