Me falta tu risa, el embrujo que devenía entre las comisuras de tus labios. Esa que aniquilaba soledades con sólo desprender bocanadas de paz. Tu risa, la del encanto matutino.

Yo no sé qué pasó en el medio, si fue la rutina de los días o el traqueteo intenso de esta vida que nos pisa. No sé si soy yo, o el amargo sabor a realidad que destroza fantasías. Pero me falta tu sonrisa, la que me hacía sentir bien cuando todo oscurecía.

De tus labios inferior y superior se deshojaban muertes instantáneas, crepúsculos de auroras, miedos irrisorios y todo cobraba una certeza que pocas veces podemos encontrar.

Pero esta noche alguien apagó el entusiasmo de entonces. Y más miedo que perderla de rastro, me da el que se arrugue tu mirada por olvidarte de soñar.

Demasiadas veces he visto a la tristeza banaglorearse, derrotar al enemigo de unos ojos inocentes, incendiar la ciudad de cabezas bajas y miradas perdidas. Muchas veces y ya perdí la cuenta, porque siempre hay esperanza cuando tu voz le da color a las cosas. ¿Pero qué pasa cuando ya no? ¿Cuando el mundo se alarga en distancias?.

Cuento los días y el saldo no termina de cerrar, apelo a los chistes idiotas de entonces, a las monerías traducidas en bailes espontáneos, a quedar en ridículo ante la posibilidad de tu frescura con eco. Y no sucede. Es como si la naturalidad con la que disfrutabas de las cosas vaya perdiendo su lustre.

No creo que haya algo peor que desencontrarse con eso que nos llenaba el alma, que nos empujaba a tomar decisiones sin meditar al respecto, que nos daba la certeza de sentir y abrazar y jugarse el todo por el todo. Y yo te veo y ya no encuentro la carcajada incontenible ni la mirada idiotizada ni la imposibilidad de sellar tus labios por no dejar de reír.

Sin tu sonrisa el día pasa a tener 48 horas, la primavera se aquieta detrás de aquella nube y amanecer deja un sabor semiamargo en mi regazo por sentir que ya no sos tan feliz como entonces. Por sentir que se destiñen los colores de tu boca en la mía. Por desencontrar tu calma en un abrazo.

Hace no mucho escribía que no dejes de reír, que sigas iluminando mis ojos y tus pasos, que te embellecía estar tan plena. Y hoy lo deseo más que nunca. Deseo que la rutina se quiebre para dar lugar al reenamoramiento, para que nos olvidemos por un instante de por qué estamos juntos para redescubrirlo, para sorprendernos con cosas que no estamos acostumbrados a ver.

Extraño cuando lográbamos hablar horas en la noche con las defensas bajas, sin otra luz que la del velador que iluminaba una esquina del comedor. Sin el parpadeo del televisor ni de la compu ni del celular, sin teléfonos sonando, sin más sonidos que el de la noche estrellada. Y encontrarnos la madrugada envueltos en risas por la manera en que dije tal cosa o propusiste tal otra.

Darle lugar a ese espacio íntimo que nos unía sin nadie alrededor, aunque estuviéramos rodeados de gente. Escuchar al otro sin tener presente todo el tiempo lo que pensamos nosotros. Y ahí, en ese segundo mágico de conocerse, sorprendernos absortos en la voz del otro. Y sonreír. Como sonreías siempre, como trastocando a la soledad que se encontraba desorientada en ese minúsculo espacio.

Por si acaso, lloro en silencio, bajo este cielo azul que tiene un espacio vacío a mi costado en esta silla. Y se teje dentro mío la esperanza de que no seamos tan idiotas como para arruinarlo. Que dejemos al orgullo de lado y recordemos lo bien que nos sentimos cuando dejamos ver partes nuestras que están selladas al exterior.

Mirarme en tu mirada, y sentir que en tu sonrisa está la clave de la paz. De la felicidad llenando todos los rincones. De tu vida añejada a la mía, de mis brazos anclados a los tuyos. De mí, de vos. De nosotros. Y de la felicidad de encontrar en el otro todas las razones.

2 comentarios:

La Pitahaya dijo...

Ay Ale me has puesto mal :/ ... es que lo que vos escribis es como que si yo lo hubiera vivido y me da "destrip" .... me dan ganas de darte entrada a mi blog privado para que leas un poco de lo que estoy hablando, que ya medio te conte .... :(


Lo que más me gusta de leerte es que siempre me identifico con algo.





Alba B. Netz dijo...

En serio, petrificada. Tienes una magia en tus palabras que pocas veces he encontrado en blogger. Arte, arte del verdadero, del que va con mayúscula.