Este blog está condenado a llenarse de tristeza.

Todo estará bien...

Estoy a punto de escribirte y me detengo. A un paso de darte la mano y me retracto. A un instante de hablarte y no lo hago. Porque no logro desterrar las palabras que aún no te han dedicado, ni detallar la mejor puesta de Sol o recitarte un poema en voz alta. Ni hacerte la mejor canción. Siento que es nada lo que tenga para decirte, que estás mas allá de eso. Y sin embargo solo quiero que sepas que te extraño, que te pienso, que no descanso si te siento nerviosa o con miedo.

Algo tan simple de entender y sentir que no debería volverme loco para hacértelo saber, y aún así me rebusco atardeceres y quiero que mis palabras sean las mejores que te hayan dicho alguna vez, las únicas. Pero te extraño, es tan simple como eso. Para qué rodar escenas, tejer historias, inventar finales. Te pienso cuando me despierto y no hay soneto que lo diga, tan solo te pienso cuando despierto. Sencillo, sin prosa, sin rima, pero con todo el sentimiento.

Vos durmiendo y soñando alguna cosa ni te das cuenta que alguien te tiene en su mente. Y del otro lado yo pensando en qué decirte al otro día, en cómo sorprenderte, porque me vuelvo adicto a tu sonrisa cuando logro descubrirla y provocarla. Y pienso que me voy a quedar sin palabras o gestos para convencerte de reír y me callo. Y es tan simple como decir que me gusta que te rías. Tan fácil como extender mis dos brazos y rodear tu pelo sin enumerar palabras.

La belleza en ocasiones colisiona con el ser humano, porque uno se queda impávido y absorto. Estúpidamente silenciado. Y al mismo tiempo perfectamente silenciado. Porque decir algo ensuciaría el aire que respirás, y sin embargo no decir nada deja mil cosas por nombrar para describirte, para despertarte, para hacerte tiritar.



Es tan simple y tan encantador que el idiota de carne y hueso que lo nota no logra abarcarlo. Mientras sonríe por tenerlo tan claro.

» Es impresionante observarte.

» Si a ti te parece eso, imagínate a mí.
Olvida eso,
tú no quieres que me ponga a alabar tu belleza.

» No digas tonterías.
Cuéntame cada detalle.

» De acuerdo.
Deberían ponerle tu nombre a una especie.
No basta con mirarte.
Sólo tiene sentido contemplarte.
Y sin pestañear, para no perderse nada.
Y con todo eso, sigues siendo tú.
Perdóname.
Es que eres tan hermosa
que hasta dudo de mirarte otra vez
antes de que termine de decirte esto.

Yo sabía que teníamos razón, los amores de internet existen.
Gracias por no hacérmelo olvidar.

Felicitaciones Frank!

Porque te quiero, y nada más.

Que bueno, que bueno...


Gracias Caro por siempre regalarnos tu mágica interpretación de las poesías. Cómo se extrañan tus videos...

No se por qué, o sí, pero hoy el día estuvo genial. Hacía muchísimo tiempo que no podía colgarme de alguna nube y quedarme mirandola minutos mientras el colectivo seguía con su rutina imperfecta. Donde el aire entraba por mis poros y yo me dejaba airear, llenar de su energía, y mágicamente me encontré escuchando una canción y sonriendo en medio de la calle como solo un idiota puede hacerlo. Algunos mirándome extrañados, pensando quizás en que estaría escuchando la radio, divirtiéndome con algún programa de media tarde. Nadie se percataba de tu aire. No lo podían ver en mis ojos, no sabían resolver la complicada ecuación de verme reír tan solo al caminar.

Era verte en la parada de aquel colectivo, en el puesto de diarios, en la bocacalle de Corrientes y Callao, en la vidriera que tenía todo en liquidación menos tus ojos. Me había olvidado lo lindo que era sentirse así, lo renovado que podés sentirte. Hasta me sonrojo al escribirlo. Me escabullo de tu verdad, tan clara como lo son estos versos. Es por vos, por vos. Sí. Por vos.

Mi cabeza retrocede el casette una y otra vez y revee palabras, dandole el significado que los diccionarios no conocen. Que la gente no entiende. Que me permito desgustar. Tu boca bordea el panorama y mis labios se lastiman por morderlos al imaginar los tuyos. No lo entiendo, y a la vez es tan increíble verlo con esta claridad. Te extraño, y sin embargo estás acá. En estos pasos, en estos dedos, en este latir incesante de mis sentidos.

Gracias por recordarme la magia de vibrar con tu sonrisa.
Gracias por devolverme la certeza de sentir.



Sucede que te extraño, y que no tengo que extrañarte. Que amanezco pensando en cómo será tu día, si necesitarás una palabra que todo lo calme, si te abrigaría mi abrazo. Y no tengo que preguntarte, ni molestarte, ni consultarte. Porque nos separa el no saber nada del otro, el ser una persona más que se cruza por el camino. Pero yo me pregunto por qué siendo vos una persona más, no lo sos. Por qué brillás de manera especial, por qué te sonrío sin siquiera mostrarte.

Hay cosas que no se pueden explicar, que no tienen una justificación por la cual empezar, que no siguen una lógica. Y sin embargo uno lo ve claro, lo entiende sin cuestionarlo y se distancia de los planteos absurdos de los que no comprenden. ¿Cómo se explica lo que genera una sonrisa? ¿lo que deja en mí tu recuerdo? ¿lo que sostiene tu mirada? ¿cómo disfrazo de simple pregunta la pregunta más importante que quiero hacerte?.

Es terrible y a la vez maravilloso cuando mi cabeza vuelve a la adolescencia, cuando me siento un soñador que tira abajo cualquier mala noticia y desboca soledades si acaso se les ocurriera aparecer. Sentir que los nervios me dominan y que pierdo la seguridad que me dio el haber vivido cosas. Como siempre digo, sentirme vulnerable, inseguro, con todo por perder. Y al mismo tiempo pleno, confiado, teniendo en claro que en tus ojos hay un destello de los míos.

Te busco, no te encuentro. Pienso qué estarás haciendo, a quién estarás divirtiendo, con quién compartirás tu belleza en todo su esplendor. Y me rebano el cerebro inventando excusas para verte, descifrando las canciones que te gustan, proponiendo maneras de llamarte la atención. Pero quizás ni me notes, ni te interese lo que siento, ni persigas el mismo sueño.

Al final termina siendo todo un gran interrogante, una manera de encontrar lo que aún no tuve ni cerca, una mera ilusión de este que sueña todo el tiempo. Acecha el miedo de que nunca se haga realidad y los fantasmas de otras veces me generan ganas de llorar. Pero no lloro, porque no sé qué va a pasar. No lloro poque va siendo hora de dejar de hacerlo. No lloro porque me hacés reír, porque me divierten tus locuras, porque no encuentro otro modo de recordarte.

Tu voz, de terciopelo.
Tu pelo, de terciavoz.


Tus palabras tienen la facilidad de hacerme dudar hasta de lo más seguro, de crearme una desestructura bajo los pies y provocar un vértigo en mis sentidos. Y te escucho, y te espero, y te sonrío. Deseando irrumpir en tu boca sin avisos, sin carteles de advertencia, sin el crear el ambiente propicio para hacerlo. Porque se creó desde que te vi por primera vez.

Vos tal vez inconsciente, tal vez no, seguís dejandome excusas para esperarte cada día. Para contarte mis minutos o desquitarme con el absurdo de tenerte lejos. Y en ese instante en que todo cobra sentido, cae la noche con la verdad de tu rostro sin mis caricias, de tus manos frías y de tu cuerpo despertando, amaneciendo, aquietando la falta del mío a su lado.

No me des la espalda otra vez, no inventes las razones que no existen para hacerlo. No apagues una de las pocas veces en que nuestros ojos vuelven a encender. ¿Con qué sentido? ¿De qué nos sirve? ¿A quién le mentimos cuando el espejo nos pregunte la verdad y la veamos reflejada en nuestra resignación?. Dejame que te convenza con un abrazo, con la mano que te saque de ahí y con un suspiro recién fabricado.

Ya no tiene sentido desquebrajarse sin razón.

Acercar tu boca a la mía puede volverse un desafío degustable, donde querés fundir todos los besos pasados con este y al mismo tiempo destilar otra faceta, una forma nueva de rodear su comisura y medir en una sola bocanada toda su extensión. Quedar impregnados del sudor invisible que emanan nuestros poros y sellar con una caricia el pacto infinito de decirnos secretos sin hablar.

Tu pelo enredandose en mi cuello buscando abrigo, queriendo llenarse de este aire solo nuestro, de este segundo de verdad. Y yo, que despeino soledades desmenuzando tu piel entre mis dedos ni me entero del frío que nos envuelve en este bajo cero. Mientras tanto, tu cuerpo se acostumbra a la forma del mío y fundimos la dicotomía en una sola expresión. Callada, intensa, irrelevante al desgaste que sufre el mundo.

Y así, con una suavidad enfurecida, aparece un nuevo aire entre los dos. Y dejamos que el silencio sea testigo de nuestras miradas colmadas, del abrazo tiñiendo coincidencias y de tu cara apoyada en mi regazo. Solo esto basta para sabernos correspondidos, para dejar en los brazos del otro nuestros miedos, siendo conscientes en ese instante de que pueden herirnos para siempre. Y al mismo tiempo cediendo esa grieta porque tenemos la certeza de que ahí nada nos puede lastimar.



Me preguntan cómo puede uno mostrarse vulnerable ante alguien, y no entienden, y no comprenden que es la única manera de encontrarse. De ver que en el hueco del otro hay un lugar con nuestra forma, con nuestro nombre y con una decisión. La de dejar que alguien nos devuelva la ilusión.