Nos gastamos más de la mitad de la vida buscando a alguien que se parezca tanto a nosotros para que nos lo llevemos a la casa y podamos emprender una especie de aventura sentimental, pero siempre decimos "tiene que ser igual a mí" como si nosotros fuésemos la gran cosa. De repente a uno le pasa que después de un rato de tratar de conseguir a una persona así, uno descubre que después de un tiempo ella sale del cuarto, saca la cabeza y dice "noche" y uno le contesta "día" porque sí nada más. Uno dice "blanco", ella dice "negro". A uno le gusta el fútbol, a ella le gusta el béisbol. Entonces uno comienza a cometer errores, uno trata de largarse del lugar, voltea a ver y se supone que tendría que estar pero se largó antes que nosotros. Uno va y busca por la vida un nuevo camino, entonces uno se busca a una mujer que se parezca mucho a nosotros, una que le guste el fútbol también. Y se consigue a una chica que le guste el fútbol y ella se consigue a un tipo que le gusta el béisbol y cada uno emprende su nuevo camino.

A mi me pasó, y era impresionante cuando empecé a salir con este chica porque yo decía "hoy tengo ganas, no sé, como de ir al cine" y ella decía "es justo lo que estaba pensando, yo también quiero ir al cine". Ibamos a un bar, yo pedía un trago, "si, a mi me da un tequila por favor" y ella decía "yo también quiero un tequila, me encanta el tequila". Entonces se convierte todo, y se convirtió todo, en algo tan maravilloso y tan organizado y tan perfecto que me bastaron 14 días para aburrirme totalmente de aquella mujer. Mientras, por el otro lado, la que se fue con el beisbolista estaba padeciendo la misma historia, solo que ella aguantó un poquito más que yo, aguantó 15 días. El día número 16 nos hablamos por teléfono, nos citamos en un café, charlamos por un rato y llegamos a la maravillosa conclusión de que para ser amigos es importantísimo ser bastante parecidos y afines, pero que para ser amantes y amarse no hay nada mejor en el mundo que ser distintos...

Y para que termine de ser un Domingo pa'l olvido, me entero que fallece Mario Benedetti.

No soy un gran lector, pero él fue uno de los que todo lo que leí me gustó, me identifiqué y de alguna forma siempre tuve un aprecio grande hacia su persona. Suele pasar que uno crea una especie de amistad con algunos personajes, aún sin haber cruzado dos palabras. Supongo que es como la música, que habla tanto de nuestra vida que es imposible separarse de eso y no tomarlo como propio.

Imposible despedirlo sin sus palabras, asi que me quedo con este recuerdo, algo que escuché de él en el secundario, en una materia donde había que elegir una poesía y leerla en clase. Un compañero tomó esa consigna y la elevó un poco más, memorizando la poesía y recitándola en voz alta para todos. Quedé tan encantado que tuve que saber de quien era y desde entonces comenzó con Benedetti esta relación tan especial.

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.

Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.

Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos.

Mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos

no haya telón
ni abismos.

Mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple.

Mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.

Cada vez que dos almas se encuentran, el cuerpo comienza a transformarse, la forma de caminar se ajusta a la forma de caminar del otro, las manos se acostumbran a tener otros dedos entre los suyos, la espalda comienza a esperar esos abrazos. Y aunque esto tan sólo parezca un proceso físico común y corriente, lo que sucede en realidad, es que el alma de cada uno está comenzando a acostumbrarse al alma del otro, eterno rompecabezas de infinitas soluciones. Probablemente el amor sea la primera muerte, pero también, probablemente, la primera resurrección.

Mariano De María



Me volví a enamorar en un colectivo. ¿Cuantas veces van? No tengo idea si hay demasiadas mujeres hermosas o si veo amor en todas partes, puede que pasen ambas. Aunque me inclino por pensar que tengo tanta necesidad de sentir que alguien me mira que cuando cruzo una mirada el corazón escala unos cuantos metros.

No fueron una ni dos ni tres, ya van cuatro veces que la cruzo y parece que sí, y parece que sí y parece que no. Y dos asientos detrás trato de cerrar los ojos e inhalar profundo su perfume, intentar descifrar su nombre o si tiene un mal día. Hasta que sus ojos se me entrecruzan en el viaje y pierdo el sentido de la ubicación.

Bajará una parada después que yo? Dos? Tres? De algo estoy seguro: es de la ciudad. Y quién me dice que un día por la calle, sin el traqueteo del viaje, la vuelva a encontrar. Ruborizarme pero esta vez creyendo en coincidencias, intentando descubrir que la vida se asoma por la mirilla.

Mañana puede que nuevamente tenga su presencia durante 40 minutos, y es un hecho que esta vez no me voy a animar a preguntarle su nombre y quedarme meses después con la intriga de si en realidad así se llamaba. Esta vez solo será la bendita y hermosa sensación de mirarla y acompañarla con la vista.

A fin de cuentas, ella me sigue acompañando ahora que estoy en casa acobachado. Porque sigo recordando su media sonrisa pegada, sus pasos inquietos, sus ojos. Sus ojos. En los que podría quedarme colgado horas y días contemplándolos.

Por ahí le llegan estas palabras por los aires de internet. Dicen que si uno piensa mucho en alguien ese pensamiento llega a esa otra persona, asi que por qué no dedicarle estas letras y que la magia haga el resto. Aunque no haga nada, aunque sea yo el que tenga que actuar.

Hacía un tiempo que no volvía con esta maravillosa y bendita sensación, que mientras la describo me aterro por saber el final anunciado de siempre. Pero nunca me importó en el momento saber que iba hacia un callejón, me interesa este ahora, este momento. Su cuerpo pegado contra la ventana del 56.

Y si esos labios tienen su dueño y si ese pelo se desenmaraña en otras manos, bendito sea el agraciado. Bendito sea por pegarle esa sonrisa cada día, por darle ese aire mágico y renovado que da el amor. El sentirse bien, pleno, en sintonía con uno mismo.

» ¿Alguna vez te he dicho que te amo?

« No

» Te amo

« ¿Todavía?

» Siempre