... te busco. Porque los faroles que incendiaban la acera apenas iluminan el portal, y entre la oscuridad de aquellas calles no te encuentro ni te puedo ya inventar. Es que tu aroma se quedó atravesado entre mi olfato, y salgo cada madrugada a buscarte entre las sombras persiguiendo unos pasos que se esfuman en el tiempo. El viento arrulla su desdicha sobre mi espalda, y mis manos se estiran sin poder alcanzarte. Te alcanzaba siempre en otros tiempos. Qué lejos están...

Qué lejos estás. Y tan cerca a la vez, si yo te hablo cada noche al acostarme, si te pido que pienses en mi, que sonrías, que seas luz. Solo que me limito a creer que no respondes porque ya te dormiste, porque te encontrás soñando algo mejor en tu vida, algo tuyo. Y me ilusiono con que ese sueño sea yo, lleve mi nombre, mi rostro. Tus brazos.

Te acobijo entre mis ojos y por eso nunca quiero cerrarlos, es fugaz la melancolía que desprendo de mí mismo y si te nombro... las palabras se hacen humo. Pero un humo que persiste entre las estrellas, y se mezcla con tu aroma por todas partes. Qué suave sentir tu pelo entre mis dedos enmarañando algún secreto ya olvidado. No me olvides por favor, no te olvides de este amor. Que cada noche se desvive por tu recuerdo, y cada amanecer te reza una gloria, una vida carente de tristeza. Lo que vos te merecés. Lo que siempre te mereciste.

Como si fuera un juego mental en donde me conozco, vuelvo ante tus ojos una y otra vez. Como queriendo encontrar en tu figura parte de la mía, tan ausente de valoración. No alcanzo ni a llamarte por tu nombre que ya te fuiste sin decir adiós, y en un grito desesperado agonizo por tu ausencia. Es parte de una nada invisible que se apodera de mi como si fuera imposible no verla, y sin embargo todo el mundo está tan ciego como yo lo estoy con mi vida.

Descanso mis hombros sobre la nada, agotado de forzarme una imagen desconocida. Y es ahí donde se diluye el olvido, donde no recuerdo cómo llegué hasta acá. Una sensación de estar perdido como nunca, y al mismo tiempo tan acostumbrado como siempre. Es infalible este filtro de amor que tengo, succiona con toda la fuerza mi inconsciente. Sin dejar rastros de dónde estuve.

Y sos vos... vos sonriéndome sin razón aparente. Vos confesando que te acordás de mi al dormir y que entonces sonreís y sonreís sin alcanzar el sueño. Dejando que lo alcance yo. Es tu pelo suave, tendido sobre sábanas, acurrucando una esperanza que nace en vos. Lleva tu rostro esta fotografía revelada en el ocaso, y se convierte en un amanecer lleno de vida. Vida que me das, vida en que quedo.

¿En qué superficie volví a aflorar? ¿En qué parte de este mundo te me fuiste? Me despierto a medianoche desesperado por encontrarte, y miro un alrededor que es inerte y frío. Era un sueño, solo un sueño más a mi costado. Apreto la cabeza contra la almohada y muerdo el vacío de no tenerte más. Y dejo que la sorda memoria de tu risa se desprenda por toda la habitación... por toda mi vida... con todo el dolor.

Es una promesa por cumplir, un desvelo por desterrar, una canción a punto de ser creada. Parte de un todo que nos obliga a intentarlo, a imaginar desbocado de nosotros un acierto involuntario. Yo no sé por dónde estará mi chance, en qué lugar y hora dejaré testimonio de un bien mayor. Ni por qué de nada me sirve tu consejo, ni tus intentos por verme mejor. En que nube dejaste para mi el regalo más grande.

Solo puedo comprender el lejano tiritar de tus párpados sobre mi espalda... viéndome marchar. Pero no me marcho ni de vos ni de mi entorno, sino que corrio hacia mi, acechante hasta el final. Para comprender que me busco hasta el cansancio de no querer intentarlo, de ni siquiera anhelar hacerlo. Y salpico sobre los pasos mal dados, con lágrimas de acero, este endemoniado milagro.

No me dejes, por favor... confiá en lo que yo no confío. Dame tu mano y no la alejes más. Quiero saltar con alguien que me diga que todo va a estar bien, depositar mi alma entre tus brazos, y sentir que en vos puedo ser yo. Sin miedo a lo que vayas a ver.

Es solo un salto, un salto de fe...

porque... porque si, porque te quiero
porque no tiene sentido alguno que te lo oculte
porque esta camisa que odio te gusta a vos
porque te olvidas de dejarme el beso de las buenas noches pero te acordas de regalarme una sonrisa por la mañana
porque ese día me agarraste de la mano
porque te divierte hacerme enojar
porque te pone celosa que le hable
por la manera en que me acaricias
porque si no te diste cuenta, todo es para vos

porque si, porque te vas
porque me quedo pensando si te acordas de mi
porque te llamé cuando dije que no lo haría
por el codazo cuando meto la pata
porque me encanta que te hagas la difícil
porque lo imposible no existe si estas vos
porque me pedis que no te escriba mas cartas
porque las seguis abriendo
por lo que sos

por que no? por que?
si todo lo que hago es quererte
un poco mas de lo que ya te quería



Tal vez entre tantos sueños que tuvimos, alguno se perdió. Porque alcanzarlos todos sería una forma de quedarnos sin ellos. Sería asesinar cualquier deseo de conseguir algo más en nuestras vidas, y sin esa razón para continuar de nada serviría vivir. Puede que entremos en un precipicio en el cual no vemos nada que nos de esperanzas, nada que nos invite a intentarlo. Y caer en un pozo depresivo del cual no sabemos salir. Como tampoco sabemos pedir ayuda, ni llorar en un hombro amigo, ni mostrarnos vulnerables ante alguien más. Ante nosotros por lo menos.

Ahí nos estancaremos sin remedio. Y asesinaremos cualquier segundo que valga la pena, cualquier charla con alguien que no vemos hace mucho, alguno de esos detalles que antes sentíamos en carne propia. Y perdernos en ese laberinto de vacíos desordenados se volverá costumbre, porque entramos en una rueda de tristeza de la cual ya no queremos salir. Nos hacemos adicta a ella. Y yo no sé por cuánto tiempo. A veces parece ser una condición para toda la vida, y otras algo pasajero.

De lo que sí estoy seguro, es que nadie es tan fuerte para aguantarse la caída solo. Y si bien es verdad que está en uno mismo salir de ahí, también es cierto que con la mano de alguien es mejor. Sin embargo, la depresión de no querer salir a flote impide que nos dejemos ayudar. Impide que alguna vez recuperemos el camino. Un camino que, aún lleno de baches, era nuestro. Y hoy nos damos cuenta de que no pertenecer a un lugar o a un tiempo nos aísla por completo. Porque somos extraños de nosotros mismos. Indiferentes a la mirada que nos devuelve el espejo.

Entonces se vuelve al principio. Al instante en que no sabemos desde dónde venimos, qué pasó en el medio y a dónde llegamos. Y no encontrar en el pasado ni en el presente una verdad que nos sostenga a través de todo este proceso, nos deja sin la claridad de algún futuro. Porque no podemos ir hacia donde no sabemos, y menos sin saber en dónde estamos hoy.

Se me da por creer en preguntas sin respuestas. Y de paso un año más que se acumula a mi costado, y yo viéndolo pasar. A paso lento. Hacia ningún lado. Y no quiero opiniones, ni palabras de apoyo, ni conclusiones sobre este proceso. Lo escribo, lo largo de adentro, lo comparto... que cada uno lo reinterprete en su vida. Pero en silencio.

El otro día hice algo que siempre condené, y lo hice por cobarde, por no enfrentarme. Me puse a mirar la lista de medicamentos antidepresivos, porque me puse a pensar que hasta que encuentre algo en qué ocupar mi cabeza, quería al menos un día estar con ganas de despertarme. No duré ni 5 minutos leyendo nombres de remedios porque es una estupidez y no estoy de acuerdo, pero el solo hecho de haberlo pensado me dejó con una sensación de desesperación que pocas veces experimenté.

Todos los ideales que alguna vez tuve para con mi vida, para con mis acciones, de pronto se encontraron boca abajo. Y me asusta pensar en qué me estoy convirtiendo, en quién soy realmente. En por qué ni siquiera a solas conmigo puedo descifrarlo. Es no ir a ningún lado. Es hacer cosas que antes hacía pero que ahora soy un ente cuando las hago. Es escuchar a alguien hablándome y contener las ganas de llorar. Parte de un todo que nunca termina de cerrar, partes desquebrajadas de mi. Y que se contradicen con mi vida, con lo que siempre señalé con el dedo. Un día me acosté bajo las sábanas y no quise que jamás me volvieran a sacar.

Físicamente vivo una vida que interiormente no existe. Y por ende nada que pueda nacer de ahí me afecta. Y como nada me afecta, no existo. Y va a llegar el 12 de Marzo y yo me iría a otro país por ese día para que nadie me salude ni me vea, me metería todo el día en la cama hasta que sea 13. Y después seguir, seguir en el sentido figurado, claro. Pero sin embargo el 12 voy a mostrar una sonrisa que no tengo, a soplar unas velas en donde no pido nada, a esperar que se hagan las 00hs para que ya sea otro día. Nunca fui amante de los cumpleaños, pero siempre me parecieron una buena excusa para disfrutar de momentos que quizás no se dan. Sé que el 12 no lo voy a disfrutar. Y decir esto me da culpa porque habrá gente que me quiere y quiero en serio saludándome, pero es lo que siento. Ojalá sintiera distinto. Ojalá hoy no fuera el que soy, porque no me siento parte de mí mismo.

A veces creo que tendría que irme en un viaje solo. Sin contacto con nadie, pero realmente sin contacto. Ni llamadas telefónicas, ni mensajes de texto, ni mails, ni cartas, ni palomas mensajeras. Quizás entre el silencio pueda oír el sonido que hoy no reconozco, el mío. Pero puede que tal vez no. No lo sé. Ya no sé absolutamente nada...

Lo cierto, es que en 27 años de vida siento que viví menos de 5. Que malgasto la vida cada minuto. Y estoy segurísimo que esta depresión que hoy me asfixia en unos años va a ser mucho peor, porque van a ser muchos más años perdidos que se acumulen en mi espalda. Y si por un milagro empiezo a aprovecharlos, seguramente me deprima por los que ya perdí. Porque siempre tiendo a lo mismo... a estar mal. No sé si consciente o inconscientemente, no sé si por masoquista o por estúpido. Sea la razón que sea, ninguna me convence. Como tampoco me convence que yo sea tan cobarde para cambiarlo.

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber. No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario. No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo. Pase lo que pase nuestra esencia está intacta. Somos seres llenos de pasión. La vida es desierto y oasis. Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia. Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: tú puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre...

... y, una vez más, llego a casa con la infalible lamentación de no ser un poco más de lo que soy. Con el sabor amargo de la derrota, de no adecuar las palabras precisas para su rostro... para sus manos... para sus ojos. Quedo con el corazón en un latido que se vuelve eterno y condenante, por no atreverme a pedirte que me regales tu sonrisa en un beso. Y no es la primera vez que me pasa. Siempre que vuelvo de una fiesta se me queda atragantada esta cobardía de volverme vulnerable.

Será que tengo un miedo terrible al rechazo, porque se que en el momento en que me rechacen el corazón se me quebrará en mil pedazos y me deprimiré en un abrir y cerrar de ojos. Pero no me contento con eso, porque también se que por miedo a no recibir un rechazo algún día me perderé (si es que no lo he hecho aún) un guiño, una señal... un si. Y me maldigo en el instante en que tu cuerpo baila al compás del mío, porque ahí mismo sé que no me atreveré a decirte nada. Nunca me atrevo.

Y cargar con la derrota a cuestas de no haberlo siquiera intentado me entristece aún más. Cómo me encantaría tener esa chispa irresponsable y desvergonzada de quedar en ridículo ante alguien y poder al menos largar desde dentro de mi pecho esas frases que pienso en decirte y quedan en la nada. Sin saber que en la nada quedo yo, deshecho por otro fracaso más que se acumula en mi lista.

Ya estoy harto de ser este tipo tan deprimido y que se tiene tan poca fe. Siento que nunca voy a encontrar el hueco para hacerme feliz a mi mismo, porque yo mismo me rechazo antes que alguien lo haga. Yo mismo me aplico ese mecanismo de defensa que me termina destruyendo más. Pero lo pienso y lo sé en el momento de quedarme callado y no logra cambiar mi modo de ser... sigo bajando la mirada ante tu risa, sin animarme jamás a decirte que quiero que te quedes conmigo toda esta noche. Solo por hoy.

Cuando la derrota cae sobre mis hombros salgo del lugar a tomar aire. Y observo desde fuera y en silencio a toda la gente alborotada, flacos chamuyando minas, parejas enroscadas, risas y diversión, caraduras que inventan mil piruetas para sorprender a una chica y sacarle al menos el nombre. Y en ese instante me doy cuenta que yo no pertenezco a ese mundo, que no puedo disfrutar de un solo momento de diversión entre tanta algarabía.

Yo siempre fui timido, si. Pero antes no era así. Aún con mi timidez y mi poca habilidad para hablarle a una mujer, había momentos en donde la locura rozaba mi cerebro y no me importaba quedar al descubierto ante el mundo desconocido. Hoy no puedo reencontrarme con ese descarado que a veces asomaba. Bajo los brazos en el mismo momento en que pienso levantarlos. Y eso provoca mas rechazo hacia mi. Porque soy un cobarde, un tipo que ya no intenta más nada... un fracaso al descubierto.

¿Cómo voy a quererme después? ¿Cómo se me ocurre imaginarme que merezco algo si actúo de esta forma tan pobre conmigo mismo?. Juro que quiero desaparecer de este mundo, estoy harto de mi, harto de mi patética vida. Me doy lástima a mi mismo. Perdí el pedazo de personalidad que me identificaba y me hacía sentir orgulloso... cada día me doy la espalda a mi mismo. Y ya no quiero nada para mi vida.

Ahora viene mi cumpleaños, un día que quisiera que se arrancase del calendario. Quisiera que nadie se acordara y que nadie me saludara, ni me viera, ni me llamara, ni me escribiera. Quiero hacerme humo. Porque cada día que me veo al espejo, es un día terrible. Patético. Inservible.

Quiero desaparecer...