Dirá la gente que rozo la obsesión, que no tengo en la cabeza otra cosa. Que mi día comienza y termina en vos. Que si miro al Sur veo el Norte, y si pierdo mi brújula busco tu cara. Dirá la gente que me dedico a dedicarte canciones, que me inscribo en todos los cursos que me enseñen cosas tuyas. Dirán que mis noches se hacen largas sin tu presencia y que cuando hago contacto con tus letras se me pianta el alma al viento.

Pero no saben que enumero tus detalles para encontrar los míos. No saben que en tu sonrisa hay una razón escondida, que tus ojos abren grietas en los cielos, que los ángeles se silencian cuando oyen tu voz. Porque no te ven, porque no te sienten. Porque no recorren tu historia de a pedazos, porque no captan la magia de tu risa, el encanto de tus manos, la maravilla de tus mejillas.

Por si acaso yo guardo silencio, no vaya a ser cosa que nombre tus imperfecciones tan perfectas y se enteren los demás de lo que se están perdiendo. Me guardo tu recuerdo para mi solo, y me lo llevo de paseo por las calles grises que necesitan de tu luz. Como la necesito yo. Como te necesito yo.

No importa si el día comienza con una sonrisa y se transforma en un deseo incumplido, no importa si tu desaire me visita a deshora y si tu vida no transita por la mía. No importa si la gente me dice que no piense más en vos, que nuestros caminos se bifurcan. Nada de eso tiene sentido si al despertarme es mi corazón el que late más fuerte que las bocinas de los coches. Nada de eso puede importarme si al saberse contenta se rejuvenece mi alma.

Mientras tanto vos. Que cada vez que mirás una estrella su brillo se realza con el fulgor de tu mirada. Mientras tanto vos. Que a cada paso que das por la calle, se silencian los pájaros y se aquieta el viento. Mientras tanto vos. Que me robás una sonrisa cuando todo parece estar triste y la guardás en la cajita de cristal que observo en la vidriera de mis días. Mientras tanto vos. Vos, y nadie más.