¿Nunca observaste a alguien sin que lo supiera? Un anciano sentado en el autobús, unos niños yendo a la escuela, o alguien esperando. Y de repente ves que algo los ilumina, y sabes que no tiene relación con nada externo porque eso no ha cambiado. Se vuelven más reales, cobran más vida.

Si miras a alguien el tiempo suficiente, terminas por descubrir su humanidad.

Ella lo miraba, adueñandose de sus silencios. El, inquieto, sonreía, y su hijo sonreía aún mas atravesando las calles con el colectivo repleto de gente. Pero las razones de ambos eran distintas, mientras que el chico se enamoraba de ver a otros jugar, él se enamoraba de los silencios robados por ella. Y ella no quitaba sus ojos de los de él. Y yo no quitaba los míos de ellos.

Porque me encanta percibir en el aire el encuentro de dos personas que se inquietan porque sienten cosas, porque intentan disimularlo, con el beso rápido al despedirse y ese nerviosismo patente en los pies de él al doblar la esquina. Ella tomando su celular y escribiendo quién sabe qué, tal vez confesandole a una amiga ese corto tramo de charlas, risas y adrenalina.

Me pregunto si se darán cuenta, si arroparán ese momento como el extraño que los miraba desde la fila de atrás. Ella, morocha de pelo ondulado con mirada fuerte que intimida. El, acomodando el pelo que le tapaba la cara por el viento, balanceándose nerviosamente ante las frenadas del transporte. Y el hijo absorto en la ventana que daba a la calle, sin dejar de sonreír.

¿Y ahora? ¿cual de los dos recuerda ese breve instante? ¿quién se quedó con las manos atadas por contener un abrazo? ¿quién selló los labios para no irrumpir en los del otro? ¿quedó algo del momento de magia que viví esta tarde?. Espero no haber quedado solo yo con el recuerdo, con las ganas, con la ilusión.

En ocasiones me parece que proyecto en las historias de los demás cosas que quisiera que pasen en la mía. Como hago con las películas, o con las canciones, o con los libros. Pedazos de sueños reales y otros no tanto que alguien imaginó, deseó y recreó en su inconsciente. En su falta de sensaciones. En lo aburrido de ser un ente al que nada lo afecta.

Yo no quiero que deje de afectarme, de ruborizarme, de volverme cursi. Quiero que los sueños tomen vida, se conviertan en historias reales que inspiren con realidad y no con falsa utopía. Quiero que valga la pena. Que no quede en un pasado que no fue, que no se tiña la noche de añoranzas guardadas en un cajón. Que no se derroche la oportunidad.

A ellos quizas los vuelva a encontrar en uno de los tantos viajes, y dejarme la certeza de que no soy el único al que el corazón la de un vuelco cuando unos ojos lo interceptan. Saber que hay gente que tiene ganas de sentir, de creer en la magia, de destilar fantasía, de probar si es posible. De desafiar al destino insolente que nos dicta cómo debe terminar.

Yo, por las dudas, llevo los sentidos a cuesta. No vaya a ser cosa que me encuentre distraído el porvenir.

¿Alguna vez has escuchado una historia tantas veces que has olvidado por qué es graciosa? Y luego la escuchas nuevamente y de repente es nueva. Y recuerdas por qué la amabas al principio.



De la nada volví a ver una foto tuya, como un escape hacia días mejores. Memoricé tu risa, tu mirada detrás de los lentes, tu ternura, tu calma... todo lo que encerraba ese cuerpo maravilloso. Nuestras primeras palabras, los mensajes al celular, el "me gustó verte" que todavía retienen mis sentidos.

Y nada más. Quedo con el sabor agridulce de haberte conocido y de haber sido tan parecido a vos que no nos permitió ahondar en nuestras vidas. Y ahora quién sabe qué será de vos, si habrás encontrado trabajo, si estarás más feliz, si te sentirás menos sola. Si te reencontraste.

A veces camino por las calles de tu antiguo trabajo que está cerca del mío, y aunque sé que no estás, esas veredas tienen tus pasos. Las vidrieras tu mirada y la noche tu presencia estrellada. Como la última vez que te vi, mientras te subías a ese tren que te alejaría de mi hasta el día de hoy, que no te he vuelto a encontrar ni he tenido noticias tuyas.

Y sigo mirando tus fotos, aquellas que me enviaste por mail en esos días ya pasados. Sigo releyendo el horóscopo, en el cual nunca creí, pero a veces espero que un día revele que Acuario y Piscis tienen el destino entrecruzado. Y darle forma a algo que ya no existe, pero que la memoria y los sentimientos manejan a su manera, y le quitan un poco de realidad para amoldarlo a una fantasía, a un deseo, a lo que alguna vez pude imaginar.

Si bien fue poco el tiempo que nos conocimos, de alguna manera te extraño. Y aunque podríamos seguir en contacto como buenos amigos, desde hace mucho tiempo dejé de encubrir mis sentimientos con amistad. Prefiero esta nostalgia, esta melancolía, esta manera de exorcizar lo que nunca nos sucedió.

Me sigo desencantando con la gente. Hace más de un año escribí esto y me resulta irónico, gracioso y triste que me siga pasando. Pero como hablaba con alguien el otro día, al final supongo que es para bien. Uno va haciendo sus filtros, y aunque ese proceso lleve un montón de desilusiones y fracasos, finalmente queda la gente que vale. Que estuvo cuando estaban bien y no solo cuando estaban mal. Que te buscaron para contarte de sus grandiosos días y proyectos, y no sencillamente para pedirte un consejo.

Esa misma gente que te dice que te quiere, que le hace bien hablar con vos, que te necesita, que te extraña... esa misma es la que cuando se pone bien y se recupera, se olvida automáticamente de todo lo demás. Ya no recibís llamados, ni gestos, ni abrazos, ni consuelo. Ya no se detienen a escucharte, a cuidarte, a formar parte.

Y quedan las palabras en viejas formas, adaptadas a lo que formalmente se debe decir en ciertas situaciones. Y quedan las llamadas en fechas claves, precisas, casi programadas. Y queda la compañía desunida, el murmullo de un llanto a medio camino y la risa forzada acompañando el ritual. Todo se vuelve frío e interesado, y las personas que daban todo por vos, ya no dan nada más que por ellos.

¿Dónde quedó tu promesa? ¿Tu mano tendida? ¿Los llamados terapéuticos? ¿La felicidad de escuchar mi voz?. ¿En qué momento la palabra amistad se volvió tan estereotipada? ¿Cómo puede ser que ya no se le de valor a lo que sí lo tiene?. Es más fácil retratar en letras los sentimientos, pero nada de demostrarlos. No vaya a ser cosa que no tengas nada que demostrar. O que todo lo que realmente querías dar, ya lo demostraste.

De un mundo pequeño, me gusta la parte en que un miércoles pueda volverse viernes y una persona desconocida pueda volverse necesaria.

Juan Chomnalez

"Te extraño y me extraño siendo feliz", se me escapa una lágrima, porque se que son sentimientos reales. No hay derecho Ale, como decía una canción: "No olvides mi derecho a ser feliz".
Igual, si me permitís que te diga lo que yo leí, realmente eras vos puro y en plenitud, sin el "diablito y el angel" en el final. Con los "te extraño"... es que sabes... al principio del relato hablabas de una resignación que a mitad se debilitó y otra vez nacía el Ale de la semana pasada; al que le brillan los ojos, al que no se rinde, al que todavía no quiere escribirnos la realidad. Porque no la quiere ver, y está buenisimo eso...

A pesar de que hace mucho tiempo que están bloqueados los comentarios, hay algunas cosas que me han escrito que me siguen dando fuerzas. Gracias María por aquella vez, como tantas otras personas que me regalaron su tiempo y sinceridad. Gracias.