Como tantas otras veces, busco tu recuerdo a un costado del insomnio. Y me quedo pensando en si vendrás, si calculás los minutos, si te quedan ganas todavía. Si acaso te despista la mañana.

Esta paz que me envuelve, pocas veces se traduce. Tantas otras se disfraza. Y raramente se diluye. Pero es un instante inconsistente que dura mucho, o poco según tu ansiedad. Puede que sea efímero el momento. Puede que ni exista.

Pero en la sombra quieta de tus labios, posa de vez en vez una caricia. Letargo adicto a tus besos, al rodeo de tu comisura, al dialecto que solo vos entendés entre mis manos. Otra vez sale el Sol, y las palabras ya pierden el sentido cuando solo quedan gestos, detalles, fugacidades del amor.

Esta noche se adormece junto a mis pies, me tapan hasta la nariz y la poca cautela de tu pelo enmarañado entre mi almohada deja ver su encanto por quedarse entre nosotros. Hoy llueve. Y llueve porque es mucho lo que lloramos. Pero poco lo que nos queda por reír.