Por sobre todas las cosas, el mundo no es nada más que un objeto si no se llena de gente. De personas que lo hagan ser. De alguien que te abrace y te regale una sonrisa cuando te vea, que te cebe un mate y comparta la factura sobre la mesa. Que te escuche tus inseguridades, y que simplemente esté ahí con vos, para acompañarte en el proceso.

Poco tiene que hacer la vida si no se rodea de corazones latiendo, de seres de luz que resplandecen cuando se ponen en contacto con otros. Como esa gota de sudor que desprenden dos cuerpos que se absorben olores como si fueran uno mismo. Que regalan vida luego de nueve meses, que se estremecen cuando sienten que su vida se extiende sobre la de alguien más.

La ciudad se vacía cuando calla. Cuando no se oye el murmullo de la gente interactuando, diciéndose verdades, algunas mentiras y extendiendo los momentos como si fueran a desaparecer por siempre. Las hojas de los árboles perpetuan su caída mientras vos y yo nos reímos por aquella anécdota de años atrás.

Si algo podría perder de este lugar, son sus risas, su mirada transparente, su cobijo expresado de mil maneras diferentes. Algunas con enojos, otras con tristezas, y las hay de las que brillan con paciencia y amor. Como si nada más importara en el mundo que el sentir de la persona amada.

Es extraña la sensación de angustia que se sube al pecho cuando se piensa en esto. Duele, jode, pero gusta, porque es parte de la vida que nos transita. Son todos los que están al lado nuestro, con sus expectativas, sus fracasos, sus momentos mágicos, sus “todo es ahora”, su claridad.

Lindo es sentirse parte de esto, de este mundo lleno de gente que lo quiere a uno y que uno ama en su totalidad. Aunque haya momentos de ausencia, de prolongados silencios como enojos, de vidas en paralelo que nunca se juntan. La sensación de sentirte relacionado a alguien sigue estando, porque están los sentimientos, las memorias, lo que no borra el desencuentro.

Todo es ahora, y lo que ya no es. Pero que sigue existiendo adentro nuestro. Porque nada de lo que soy ahora pudo haber sido sin lo que pasó, sin la gente que se cruzó en mi camino. Sin la suerte de estar vivo para contarlo.

Viví ese momento como si fuera a desaparecer en un segundo. Mirá a los ojos de esa persona y retené sus expresiones, porque lo son todo ahora y siempre. Y quedate con ella, aunque no la vuelvas a ver más. Siempre va a estar con vos, dándote la certeza de estar vivo, y sabiéndote feliz de haber estado aunque sea un rato con ella. Evidenciando el privilegio de saberte ahí, certero. Vivo. Y eterno.