A veces tengo tanto miedo. De no saber qué puede pasar, hacia qué lugar estoy yendo, por qué si todo se derrumba yo sigo en pie sin saber para qué. Tengo miedo de olvidarme, de aplanarme, de dejar de lado lo importante que hay en mí por alguien más. Lo hice hace muchos años, y no quiero que vuelva a pasar. Perder el rastro del Ale que no mide, que entrega sin pensar en si lo van a lastimar, del que siempre quiere hacer las cosas bien sin aprovecharse de nadie.

La vida se empeña en ponerme en situaciones o conocer personas que se comportan de una manera que no me gusta, que me lastima, que me hace convertirme un poco en algo que no soy o no me sale ser. Y aunque siempre es una decisión constante en mi cerebro que viene y que se va, nunca estoy seguro de tomar la decisión correcta. Porque siempre hay alguien del otro lado que se le da por enjuiciar actitudes, razones y promesas.

Debería importarme todo muchísimo menos. Ser ajeno a lo que piensa el otro, a lo que ve el resto del mundo, a comparar mi vida con la que llevan los demás. Siempre me hizo sentir mejor ser un ente extraño, ajeno a la cotidianeidad de este mundo. Pero últimamente vengo formando parte de todo eso. Y no sé si es eso lo que me tiene a mal traer, lo que me asfixia el aire, lo que me molesta todo el tiempo. El no poder ser yo mismo, individualizarme, ser el que sea pero con mi propia personalidad.

Ya siento que no destaco, ni siquiera por lo bajo. No me diferencio de otro, me siento consumiendo las mismas cosas, hablando de los mismos temas, reflexionando y opinando con la misma soberbia que el resto de la humanidad. Y no lo siento, y me da miedo que las palabras que salen de mi boca un día empiece a creerlas, a representarlas. A entrar en la vorágine de lo mundano y carente de sensibilidad.

Quiero recuperar lo sensible que sé que sigue dentro mío, la manera de demostrarlo, el abrazar con más intensidad, durante más tiempo, cebar unos mates a un amigo sin apuros, sin piloto automático. Disfrutar de la charla, de su anécdota, sin saber qué pasa en la virtualidad momentánea que se viraliza entre todos nosotros.

Incluso escribir tan poco en este espacio me encuentra extraño y pensativo. Porque muchas veces el desaparecer de acá era sinónimo de estar feliz, de sentirme bien... pero hace un tiempo que no es así, y no puedo siquiera venir a verbalizarlo. Y eso me hace ruido.

Porque sé que tengo muchas cosas para decir y para sentir. Y tengo miedo de que se me sequen las palabras y los gestos. De ser una piedra más en este asfalto lleno de seriedad y ausencias. Quiero volver. A sentirme parte de mi vida ilógica y única. A colarme en las reuniones, a contar a los gritos alguna anécdota llena de frescura porque me animé a vivirlo, a salir de esta pantalla pequeña y sombría que me aleja de mi realidad. La que llevo dentro. La que me recuerda que atrás de este tipo frío y distante que hay ahora, estoy yo lleno de ganas de confiar y de volver a sentir que vivir no está tan mal, que esconde detrás un montón de oportunidades y sonrisas. De vida por los rincones. De amar y sentirme amado por los demás.

De ser ese que extraño tanto.