[escrito hace 5 años, pero vigente hasta la médula]

Hoy hace 29 años me hacía un hueco entre tanta gente. Gente de a pie, acompañada, apurada, risueña, preocupada, desilusionada, hambrienta, olvidada. Gente entre los cuales estaban mis padres. Mi vieja dice que a las 12 del mediodía la internaron, 12.15 nací y 12.30 estaba comiendo, supongo que eso es empezar con el pie derecho. Pero alrededor de los 7 años mis viejos se divorcian y aunque no recuerdo cómo era yo antes de eso, recuerdo el después. Me volví un niño malcriado por tres mujeres, un nene que a medida que creció le faltó en muchas ocasiones las palabras de un hombre que lo guiara. Y en todo ese proceso se formó alguien frío y callado, introvertido, vergonzoso, difícil de llevar.

Han pasado los años y no es que todo eso haya cambiado. Pero así como a los 7 años mi mente tiene un punto marcado, también lo tienen mis 18. Donde esa persona fría a la que poco le importaba nada se enamoró. Y mi vida cambió completamente de escenario, ya no fue lo mismo mirar a la gente a los ojos. Ya no fue indiferente que alguien me contara sus alegrías. Me volví más humano. Supe que la vida iba mas allá de cosas materiales, supe que todo lo que tenía no me hacia feliz. Supe que no sabía qué significaba ser feliz. Y supe que quizás todo ese tiempo intenté tapar eso con caprichos y regalos y berrinches.

Sin embargo, algo de mi ya había cambiado antes. Mi vieja se queda sin laburo y de repente todos los lujos que podíamos darnos por el deslome de ella, desaparecieron. En un acto inconsciente, supongo, dejé de pedir cosas. Es como el tipo que deja de fumar luego de un infarto. Algo te cambia la manera de ver la vida de repente, yo no lo sabía cuando mi familia se dividió, no lo sabía cuando mi vieja tuvo que romperse la espalda laburando y tampoco lo supe cuando me enamoré por primera vez. Pero sucedió.

En estos 29 años la vida me confundió miles de veces, y todavía no logro captarla. Ni siquiera encontrarme. Algo revelador que descubrí en todos estos años, es que nunca termino de conocerme. Que mañana puedo descubrir que soy distinto a lo que creí, que quizás no es que uno cambia sino que uno se redescubre. Y me resulta encantadora la idea, al mismo tiempo que me da miedo. En este tiempo también comprendí que en un rato puedo resbalarme y romperme la cabeza contra el piso. Y desaparecer. Que nada es seguro, que le dedicamos demasiado tiempo a cosas irrelevantes. Y que le tengo miedo a la soledad. Pero me gusta, porque en ella encuentro tiempo para mi. Hasta que ese tiempo se vuelve un extremo y me lastima.

Entre las cosas que me han ido sucediendo, una de las que me cuesta aceptar es desilusionarme con la gente. Notar qué interesadas en cosas superficiales y fugaces que se vuelven las personas y cómo te abandonan cuando ya no te necesitan. Descubrí que quien te quiere, te acepta. Con tus rayes, con tus defectos, con tu neurosis. Descubrí que queremos a menos gente de la que pensamos, y que necesitamos el consuelo de no saberlo. Y no se por qué, quizás queremos cubrir el hueco si esa persona que necesitamos no está.

Tambien entendí que pienso demasiado, que en ocasiones genero melodramas para los que hay tan solo hechos. Que soy un tipo terriblemente sensible aunque mi cara de poker y mi incapacidad de demostrarlo lo dejen pasar desapercibido. Todo me afecta, si olvidaron algo que conté, si no me preguntaron por lo que considero importante, si tienen otra actitud para conmigo cuando hay alguien en frente. A veces creo que la vida puede ser terriblemente dolorosa si dejamos que los actos en ella nos afecten. Pero sé que en raras ocasiones se vuelve ocasionalmente maravillosa. Unica, y deslumbrante por donde se la mire. Pasamos demasiado tiempo mirando cómo están las cosas, y no cómo son. Quizás habría que romper el dibujo que hay sobre la pared.

En 29 años no aprendí a cocinar, no sé lo que es hacer sociales, desconozco las recetas para seducir a una mujer y me siento un completo desconocido con la gente de mi edad. Y con todas las edades. Siento que estoy en un mundo paralelo al que se vive, y sentir eso me duele y me llena de impotencia. Pero no quiero adaptarme a este mundo, porque no me gusta lo que hay. No quiero que las calles se unan. Prefiero quedarme en el balcón observándolo y dejándolo pasar.

Me molesta la idea de tener cosas, de fijarse en qué tan limpio está el auto como si eso hablara de nosotros. Y me encanta la tecnología. Pero la detesto cuando se vuelve una forma de vida, detesto cuando eso me pasa. Sé que cuando me obsesiono con ella hay algo que me está faltando, lo sé porque cuando estuve enamorado, era una cosa más a la que no le daba importancia. No me importa qué tan bien visto, pero me fijo en eso e instintivamente recuerdo que no soy ese jean, no soy esa camisa. Y no quiero que esas cosas me definan. ¿Pero a quién le importa lo que hay detrás de la fachada? Tal vez todo sea la fachada, y lo demás algo con lo que cargar.

En el fondo de todo este embrollo que me resulta sentir y respirar, muy debajo tan solo tengo miedo. Y me pido a gritos que alguien me cuide, que alguien me escuche y que alguien me quiera. Sin embargo, arriba de todo ese fondo estoy yo impidiendo que alguien se acerque a siquiera saberlo. Probablemente porque tenga miedo. Quizás por ser un cobarde. Tal vez por resignación. Hace 10 años que quiero recuperar lo auténtico en mi, que quiero dejarme en claro. Hace mucho que el cuerpo que carga conmigo se encuentra desorientado y a la defensiva. Es como si no aceptara que me hayan dañado. Es terror a que vuelva a pasar. Siento que tiemblo por dentro, que mis pies se petrifican y que deseo pasar inadvertido.

29 años desde que empezar con el pie derecho hizo que después todos fueran malos pasos. Pasar toda mi primaria siendo el hazmereír de los demás, tener a alguien como mejor amigo cuando siempre supe que no lo era y no me gustaba compartir cosas con él, pero aún así lo hacía. Empezar la secundaria sin haberme ido de viaje de egresados, seguir la orientación que siguieron la mayoría, formar parte de la manada. No ser yo. Elegir una carrera facultativa porque sí, porque era más cómodo. Pagar una facultad privada por no esforzarme para entrar en una pública. Gastar 4 años de mi vida sabiendo que no quería estar ahí. Entregar el alma por alguien a quien no le importó dejarme. Confiar y que te vuelvan a fallar.

También hubo cosas buenas. Lo que sucede es que uno recuerda tan solo las malas. No me acuerdo fácilmente de los que están y yo ahuyento. No me acuerdo de los que quisieron estar y no lo permití. No recuerdo que me cuidaron, que me protegieron, que me salvaron. No recuerdo que tengo abrigo cuando hay frío, que prendo el ventilador cuando hace calor. Que puedo estar escribiendo esto porque sé escribir, porque me educaron, porque tuve la oportunidad. No me acuerdo que si mis amigos no volvieran una y otra vez a buscarme, yo estaría solo. No me acuerdo de tus besos, del te necesito. Del amor.

O quizas me acuerdo de todo y me siento culpable por quejarme de mi vida. Ni siquiera sé lo que significa todo esto. En casi 30 años dejé que la vida pase de largo y parece que nunca la voy a alcanzar, que ya no busco intentarlo. Pero lo intento. Lo intento porque sé que detrás de este que soy, quiero vivirla al máximo. Sacarle carcajadas, convertirla en una película digna de volver a mirar. Pero necesito ayuda, y no sé pedirla. Es como sentir que no la merezco. Y a la vez saber que tengo todo para merecerla.

A vos que estás leyendo esto, te pido que entiendas que no importa si son 29, 15 o 40 los años que viviste. Que lo que importa realmente, lo único que te va a llenar por dentro, es sentirte humano. Y pedir perdón, y llorar, y ayudar, y pedir que te amen, necesitar a las personas, no alejarte de tu esencia. Todo lo demás es secundario, te juro que no sirve. Ni tu auto ni tu casa grande ni las zapatillas que tenés tan lindas van a hacer que te sientas acompañado cuando el mundo te de la espalda. Que lo que opinen las personas de vos no te van a sacar una sonrisa cuando te hayas levantado con el pie izquierdo. Que un partido de fútbol no te va a hacer un té ni te lo va a llevar a la cama cuando te sientas mal. Que no sirve de nada estar acá sin amar a alguien. Y dejar que te amen. Tenemos todo para ser felices, pero nos olvidamos de la humanidad que tenemos dentro. Estamos rodeados de distracciones, que solo están para cubrir tus inseguridades, tus miedos, tus fracasos. Y esas distracciones no te hacen sentir mejor, solo te ocultan lo que te afecta. Te hace sentir mejor la persona que se queda con vos en silencio mirando cómo cae el Sol. Te hace sentir bien el perro enrollado en tus piernas. Te hace sentir vos el mostrarte vulnerable a quien le importás.

Hoy, hace 29 años que intento aprenderlo.
No te rindas tan fácil, no me dejes dejar de creer.

4 comentarios:

La Pitahaya dijo...

Entiendo muy bien todo esto, y eso que no tengo 29!!!

pero con el tiempo uno realmente entiende que no es que no seas estable, sino que a medidas que vas a vanzando en el camino te vas redescubriendo y reconstruyendo una y otra y otra vez. Y que para poder hacer esto necesitas pulirte con unas cuantas experiencias...

Que bueno que hoy puedes mirar hacia atras y saber quein fuistes, quién sos y quién podes llegar a ser.

Mica dijo...

Vi tu autobiografía por curiosidad nada mas, cuando vi que era muy larga me arrepentí y volvi para atrás, pero que hay detrás de tu blog, que hay detrás de lo que escribís? Y volví de nuevo a leer por curiosidad.
A veces la vida es dura para todos, nueve meses en un mundo perfecto, 10 años de niños siendo felices empezar a daros cuenta de las cosas para nadie fue fácil, tengo 10 años menos que vos, quizás no te entiendo tanto, porque la experiencia es el aplomo mas grande, sin embargo en partes me identifique con vos demasiado. Crecemos y creemos que todo puede ser como queremos sin embargo nos damos cuenta que las personas en las que creíamos no son lo que pensábamos, que el amor es lo más lindo y te hace ser otra persona sin embargo a veces es lo mas te lastima, que en la vida lo importa es como son las personas y no lo que tienen, dejarnos llevar por lo que una persona pudo conseguir materialmente es uno de los errores más grandes, si después todos nos hacemos viejitos y en cajón no podemos llevarnos nada.
Pensar para mi es toda una ciencia, un arte diario, una rutina no tan buena pero inevitable en mi vida, confiar en personas que no lo merecen, a veces parece inevitable equivocarse por mas que lo intentemos, por más que pensamos la jugada un millón de veces..
“tener a alguien como mejor amigo cuando siempre supe que no lo era y no me gustaba compartir cosas con él, pero aún así lo hacía.” “Entregar el alma por alguien a quien no le importó dejarme.” Son palabras tuyas que las leo y me hacen pensar por q siento exactamente eso.
Y a vos si llegas a leer esto, quiero decirte gracias porque creo en las palabras y con tus palabras me hiciste sonreír y hasta darme un dejo de nostalgia pero no está mal la melancolía, a veces hay que sentirla para que al reír lo hagamos con más ganas!
"La Naturaleza se manifiesta de infinitas, curiosas y significativas formas. Atraes lo que eres, no lo que quieres; y eres tus creencias, no tus células.
La intención es una fuerza en el Universo, y todo estamos conectados con esta Fuerza Invisible"

Vane dijo...

Bastante tarde llega mi comentario...

Gran autobiografia, sincera y sobretodo muy humana. Creo q la edad en mi caso estos 28 años vividos..no son lo que tienen que ayudarme a escribir estas lineas, sino el corazon, con todos sus latidos vividos, esos recuerdos q qdaron marcados a flor de piel.

Lo importante es seguir...no tiene q importar lo lento que uno avance, mirar para el futuro sin soltarle la mano al pasado...saber q se equivoco, saber q aprendio, saber y seguir luchandola dia a dia...xq por algo esto es para vivirlo Ale...tenes que vivirlo siempre!

Un abrazo enorme

Ana Montoya dijo...

No sé cómo ni por qué llegué aquí, pero debo decir que no me arrepiento. Al principio vi lo larga que era y no quería leerla, pero al leerme una parte, seguí y seguí hasta leerla entera.
Tengo bastantes años menos que tú, pero quiero decir que me ha hecho reflexionar tu autobiografía.
Lo que nos va a hacer felices, es sentirnos humanos. Tienes mucha razón.

"Que nada es seguro, que le dedicamos demasiado tiempo a cosas irrelevantes. Y que le tengo miedo a la soledad. Pero me gusta, porque en ella encuentro tiempo para mi. Hasta que ese tiempo se vuelve un extremo y me lastima"

"Que lo que importa realmente, lo único que te va a llenar por dentro, es sentirte humano. Y pedir perdón, y llorar, y ayudar, y pedir que te amen, necesitar a las personas, no alejarte de tu esencia. Todo lo demás es secundario, te juro que no sirve. Ni tu auto ni tu casa grande ni las zapatillas que tenés tan lindas van a hacer que te sientas acompañado cuando el mundo te de la espalda. Que lo que opinen las personas de vos no te van a sacar una sonrisa cuando te hayas levantado con el pie izquierdo. Que un partido de fútbol no te va a hacer un té ni te lo va a llevar a la cama cuando te sientas mal. Que no sirve de nada estar acá sin amar a alguien. Y dejar que te amen. Tenemos todo para ser felices, pero nos olvidamos de la humanidad que tenemos dentro. Estamos rodeados de distracciones, que solo están para cubrir tus inseguridades, tus miedos, tus fracasos. Y esas distracciones no te hacen sentir mejor, solo te ocultan lo que te afecta. Te hace sentir mejor la persona que se queda con vos en silencio mirando cómo cae el Sol. Te hace sentir bien el perro enrollado en tus piernas. Te hace sentir vos el mostrarte vulnerable a quien le importás."

Me has hecho pensar mucho. Y te lo agradezco.
Un abrazo.