Las estrellas, la Luna, el Sol y todo lo demás. El viento que arañaba las paredes, el cielo que se abría ante tu voz, el color de todo lo oculto. El repiqueteo constante de tu risa, la manía de no aguantarte la mirada, los nervios de no saber. Y entre los silencios momentáneos, una luz. Incierto destino que se erguía ante tus pasos, temerosos de darlos, inquietos y fugaces. Como la noche, como la razón.

Yo no sé de qué formas la vida se aparece, pero puedo darme una idea. No sé tampoco si lo hace para quedarse o para simplemente pasar, pero la verdad que no me importa. Porque en el momento de sentarme a escribir estas palabras es otro el aire que flota inerte, o puede que el que flote sea yo. Puede que ambas cosas pasen al mismo tiempo.

Lo cierto es que el Domingo nació distinto, como hace varios Domingos. Lo cierto es que hay abrazos que se asientan y uno se los lleva a todos lados. Lo cierto es que no tengo presente la manía de arruinar momentos, ni de pensarlos trágicamente. ¿En qué momento me descubrí con este aire? ¿Cómo fue que sucedió?.

Y aunque el mudo de siempre se muerda los labios para no caer en evidencia, simplemente me limito a disfrutarlo. A amanecer sintiendo que un día distinto me va a encontrar en la esquina, resuelto y relajado. Contento de estar ahí. Brillando como alguna vez lo hice.

Como siempre lo deseé.