Es Domingo. Muy Domingo. Ya van 4 veces que suena el teléfono y decidí no atenderlo. No sé si es un amigo, un vecino, un familiar o un tipo vendiendo internet. Sencillamente no tengo ganas de saberlo. Ismael Serrano fue el elegido para musicalizar esta gris tarde, y fue elegido adrede. Tenía que ser algo que me hiciera sentir mal, falta que ponga Arjona y llego al límite de la melancolía. Denme tiempo, en menos de 10 minutos eso va a pasar.

La cuestión es por qué elijo sentir eso. Las razones de por qué estoy triste las tengo claras, las razones de por qué elijo exprimir ese dolor no tanto. Es como si sentir esa angustia la liberara un poco, aunque me haga pelota en el camino. El caso es que es un día horrendo y no pretendo que se pase.

La noche del sábado pasó sin pena ni gloria, conmigo tirado en el sofá mirando la tele. Como todos los sábados. Y lo más triste es que probablemente si hubiera podido salir no lo hubiera hecho. Entonces empiezo a preguntarme si puedo salir de esta melancolía cíclica, si quiero, y si no quiero... por qué no quiero. Terapia directa es la recomendación que más salta a la vista cuando alguien me escucha o me lee, pero tampoco hay ganas de eso.

Asi que pasará este maldito día y llegará el Lunes donde tengo que ir a laburar y pensé que nunca lo diría, pero qué suerte. Porque cuando tengo días libres me hacen mal. Esto va a seguir pasando hasta el próximo finde, y el otro y el otro. Y eso que el finde que viene podría irme lejos de acá a ver a un amigo, pero tampoco tengo ganas de hacerlo.

Con lo cual las chances son muy pocas. Las chances de estar un poco más contento digo. Sigo buscando las partes que le faltan al Alejandro que alguna vez conocí, pero es como si hubiese perdido el rastro. No encuentro nada de ese que fui. No me encuentro desde hace años. Que pasaron en un abrir y cerrar de ojos, y parece que hubiese sido ayer.

Si, estoy depresivo, como los deprime a muchos el domingo, con la excepción de que me siento así los días de la semana también. No tengo ganas de pedir ayuda, porque creo que nadie puede ayudarme, menos con las pocas ganas que tengo de salir de ahí. La verdad que a veces, en estos momentos, es cuando me siento una mierda de persona. No por hacerle algo a los demás, sino por hacerlo conmigo. Porque no me considero mala persona, pero es la única explicación que encuentro cuando veo que no hago nada por mí.

Y ahora escribo esto como una forma de descarga. Quien lo lea puede asustarse, preocuparse, señalarme, identificarse. Ninguna de esas acciones me pueden ayudar. Ni yo ayudar a otros. Solo lo quiero escribir y que quede registrado. Para mi, o para quien se haya tragado los minutos leyéndolo. En realidad poco importa. Porque no busco consejos ni ánimos ni consuelo ni lástima. Busco sacarme la mierda de encima, la misma que yo genero. La misma que voy a seguir generando.

Nunca pensé que la soledad me iba a doler, cuando era más chico decía que no me preocupaba estar solo, porque soy medio ermitaño. Pero deduzco que después de haber sentido lo que es la compañía, uno ya no puede prescindir de ella. Y personalmente la necesito, necesito sentirme querido, sentirme algo en la vida de alguien. Algo único, no algo más. Y es imposible porque primero tendría que quererme yo y sentirme alguien por mí mismo, antes de pretender eso en alguien más.

El amor no se busca, aparece solo, y soy completamente consciente de eso. El amor no es lo único que lo hace feliz a uno. Eso lo escucho por todos lados, pero no estoy de acuerdo. Creo que por el contrario, todo lo que necesitamos es el amor. De todo tipo, claro. Y estamos tan necesitados de él que lo reemplazamos con muchas otras cosas. Yo no quiero reemplazar nada, no quiero ser como la mayoría que siguen por seguir. Quiero parar y quejarme y llorar y enojarme y ponerme triste. Conmigo, con nadie más que conmigo.

Hace poco le compré un libro a un amigo que escribió dos libros. Empecé a leer el más corto, y me quedé en una frase de la cual no quise seguir. Y el otro libro, llamado "Frágil", lo veo de reojo como haciendo de cuenta que no existe. Porque como me escribió él, todos somos frágiles. Y yo estoy tan frágil en este momento y desde hace tanto que no quiero ponerme a leerlo. Frágil. A punto de romper en llanto en todo momento, pero poniendo la cara de poker que siempre me sale por instinto. ¿Instinto de qué? No sé, porque a puertas cerradas lloro igual.

Después tengo días donde me quiero ilusionar con alguien y como pasó en el colectivo, me enamoro con solo una mirada. Me gano el Oscar a la mejor historia romántica y como perdices por siempre. Nada de eso es real, es solo un grito de auxilio que hago en silencio a nadie. Y vuelvo al presente, a lo vacío que me siento por no tener a quien abrazar ni besar ni conversar mediante el brillo de los ojos. El amor por ahí estará, y será de los valientes que lo conquisten, no de los cobardes que lo contemplen desde lejos.

¿Y mi vida?.